Separar a los líderes de organizaciones criminales de sus estructuras externas busca impedir que continúen impartiendo órdenes desde prisión. Sin embargo, el impacto que esta medida puede provocar fuera de las cárceles no siempre sigue el mismo camino.
Así lo explicó Eduardo Labarca, consultor en seguridad y prefecto en retiro de la PDI, al analizar en Concierto Valor la Operación Cancerbero y el traslado de reos de alta peligrosidad hacia la nueva cárcel de La Laguna, en Talca. El especialista valoró la segregación de los cabecillas criminales, pero también advirtió sobre las distintas formas en que las organizaciones pueden reaccionar cuando pierden a quienes ejercen su liderazgo.
En uno de los escenarios, la sucesión ya está definida. En otro, la organización puede fragmentarse y dar origen a numerosos grupos que comienzan a competir por el territorio.
¿Qué ocurre cuando una banda criminal pierde a su líder?
Labarca explicó que algunas organizaciones cuentan con líneas de mando previamente establecidas.
Esto significa que la detención o aislamiento del cabecilla no necesariamente deja al grupo sin conducción. “Muchas veces estos grupos criminales tienen establecido que cuando cae detenido Eduardo Labarca, al otro día asume el segundo”, ejemplificó.
Pero existe una segunda posibilidad. Si la estructura no consigue mantener su cohesión, la organización puede dividirse en diferentes facciones. “El otro efecto es que se atomiza la red criminal y en vez de haber una, comienzan a haber 20... y empieza una guerra por los territorios”, advirtió.
De esta manera, el aislamiento de los líderes representa un golpe a la capacidad de conducción de las bandas desde las cárceles, aunque también obliga a observar las consecuencias que puede generar posteriormente en sus estructuras.
Evitar que las cárceles funcionen como “centros de operaciones”
Precisamente impedir que los cabecillas continúen dirigiendo sus organizaciones desde prisión es uno de los objetivos de las condiciones de máxima seguridad.
Labarca sostuvo que la segregación de estas figuras es una medida que especialistas en crimen organizado han planteado desde hace tiempo. “Es lo que los que conocemos de crimen organizado venimos predicando hace bastante tiempo... la necesidad de segregar a los líderes de estos grupos criminales que le han hecho tanto daño a nuestro país”, afirmó.
El especialista destacó que el nuevo modelo busca cortar las comunicaciones que permiten mantener el funcionamiento de las organizaciones desde los recintos penitenciarios. “Efectivamente ya los líderes no van a poder seguir guiando estos grupos criminales desde adentro de la cárcel, siendo verdaderamente las cárceles estos centros de operaciones”, señaló.
Las condiciones de máxima seguridad en La Laguna
La nueva cárcel de La Laguna contempla diferentes mecanismos destinados a restringir las posibilidades de coordinación de los internos de alta peligrosidad.
Entre ellos aparecen las celdas individuales y un sistema de visitas sin contacto físico. Los encuentros se realizan mediante vidrios y teléfonos, mientras las conversaciones pueden ser grabadas.
También se contempla el uso de uniformes sin bolsillos para dificultar el ocultamiento de objetos. Para Labarca, estas características responden a las exigencias que requiere el tratamiento penitenciario de líderes vinculados al crimen organizado.
El modelo apunta a una lógica de segregación utilizada también en países como Italia, Estados Unidos y México.
“Una copia feliz del Edén para poder generar dinero”
El análisis también abordó la presencia de organizaciones extranjeras en territorio nacional.
Durante la conversación se mencionaron grupos vinculados a la mafia albanesa y organizaciones chinas, ampliando el escenario de amenazas que enfrenta el país.
Labarca planteó que Chile presenta características que pueden resultar atractivas para organizaciones dedicadas a actividades ilícitas. “Chile muchas veces lo ven los grupos criminales como una copia feliz del Edén para poder generar dinero”, sostuvo. El desafío, por tanto, no termina con trasladar y aislar a los principales cabecillas.
La segregación puede impedir que las cárceles continúen funcionando como centros desde donde se dirige la actividad criminal. Sin embargo, según explicó Labarca, también será necesario observar qué ocurre con las organizaciones fuera de los penales: si mantienen su estructura mediante una línea sucesoria o si se fragmentan en nuevas facciones que comienzan a disputar los territorios.
