El peso o la apariencia externa no muestran necesariamente dónde se encuentra toda la grasa acumulada en el organismo. Una parte puede instalarse alrededor de los órganos y participar activamente en procesos capaces de perjudicar la salud cardiovascular.
Es la denominada grasa visceral, que no debe entenderse únicamente como una reserva energética. Este tejido es metabólicamente activo y puede liberar ácidos grasos y sustancias inflamatorias.
Sus efectos pueden favorecer la resistencia a la insulina, elevar los triglicéridos y el colesterol LDL y contribuir al desarrollo de hígado graso. “Cuando hablamos de grasa visceral, hablamos de un tejido metabólicamente activo”, explica el doctor Carlos Torres, especialista en Medicina Interna y fellow en Cardiología de Clínica Santa María.
¿Por qué la grasa visceral puede afectar al corazón?
El problema no se limita a su ubicación. Según Torres, los procesos asociados a este tejido pueden favorecer la aterosclerosis.
Esta condición se caracteriza por la acumulación de placa en las arterias, lo que puede estrecharlas y dificultar el flujo sanguíneo. Con ello aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares como infartos y accidentes cerebrovasculares (ACV). “Su importancia desde el punto de vista cardiovascular está en que estos mecanismos pueden favorecer la aterosclerosis”, señala el especialista.
Por ello, la acumulación de grasa alrededor de los órganos puede tener consecuencias que no necesariamente resultan evidentes a simple vista.
La grasa también puede acumularse alrededor del corazón
Existe además otra forma de acumulación asociada a la obesidad: la grasa ectópica. El concepto se refiere a grasa almacenada en zonas donde normalmente no debería concentrarse. Una de ellas puede ser alrededor del corazón.
Según Torres, estudios han asociado este tipo de acumulación con un riesgo casi 20 veces mayor de desarrollar insuficiencia cardíaca, además de una mayor probabilidad de arritmias y muerte prematura.
La cifra corresponde a una asociación observada en estudios y no significa que la presencia de esta grasa determine por sí sola que una persona desarrollará insuficiencia cardíaca. “Este exceso de grasa puede generar cambios en la forma en que funciona el corazón y en el esfuerzo que debe realizar para bombear sangre”, explica Torres.
Así, el impacto de la grasa corporal no depende únicamente de cuánto se acumula. El lugar donde se deposita y su actividad metabólica también pueden desempeñar un papel importante en el riesgo cardiovascular.
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