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Aunque las pidan constantemente: el límite que puede cambiar rápidamente el ánimo de los niños

El psiquiatra infantil Alfonso Correa del Río explicó qué ocurre al limitar las pantallas en los niños y abordó la ansiedad que los padres transmiten durante la crianza.

Niños Y Pantallas
Getty Images

Celulares, tablets y otros dispositivos: el uso de pantallas se ha convertido en elementos habituales de la vida cotidiana de los niños. Su presencia también plantea uno de los desafíos más frecuentes para los padres: cómo establecer límites cuando los propios menores piden utilizarlos constantemente.

El psiquiatra infantil y adolescente Alfonso Correa del Río abordó este fenómeno durante una entrevista en Concierto Valor, donde presentó la segunda edición de su libro Acompañando el camino de la crianza.

El especialista analizó los desafíos de criar niños entre los 0 y 10 años y planteó que, aunque pueden desarrollar dependencia hacia las pantallas, establecer límites termina generando efectos positivos en su comportamiento.

Alfonso Correa Del Río
Alfonso Correa Del Río

¿Qué ocurre cuando se limitan las pantallas?

Correa del Río reconoció que los dispositivos generan una fuerte atracción entre los niños, lo que puede dificultar la decisión de reducir su utilización.

Sin embargo, sostuvo que la reacción inicial no necesariamente representa lo que ocurre posteriormente. “Si bien el niño pide y se hace dependiente de ellas [las pantallas], si se las quitamos y le ponemos más límite, el niño agradece finalmente”, explicó.

Según el psiquiatra, los cambios pueden comenzar a observarse rápidamente. El menor puede recuperar otras formas de entretención frente a la disminución del estímulo digital y presentar mejoras en su estado de ánimo. “Rápidamente va a andar de mejor ánimo”, afirmó.

Desde esa perspectiva, establecer límites forma parte del acompañamiento que necesitan los niños, incluso cuando inicialmente se resistan a ellos.

La ansiedad de los padres también llega a los hijos

Las pantallas no fueron el único desafío abordado por el especialista.

Correa del Río apuntó también a la presión que experimentan actualmente los adultos dentro de una sociedad marcada por la competitividad y la búsqueda permanente del éxito. “Una sociedad que nos exige mucho, que hay mucha competitividad y exitismo... nos ponemos más ansiosos y transmitimos esa ansiedad a los hijos también”, señaló.

El problema es que esa transmisión no necesita producirse mediante una conversación explícita.

Los niños, explicó, tienen una alta sensibilidad frente a las señales que entregan los adultos. “La ansiedad se expresa mucho en lo no verbal... el niño es muy sensible a eso”, sostuvo.

Por esta razón, los desafíos de la crianza también involucran la forma en que los propios padres enfrentan sus exigencias, frustraciones y preocupaciones.

El miedo a no convertirse en “padres perfectos”

Esa búsqueda por cumplir estándares cada vez más altos puede incluso influir en la decisión de tener hijos.

Correa del Río vinculó parte de ese fenómeno con el temor de algunos adultos a no cumplir correctamente con todas las responsabilidades asociadas a la crianza. “Dentro de este mismo exitismo hay un deseo de hacerlo muy bien, tan bien, que empezamos a temer más de la cuenta”, explicó.

La mayor conciencia respecto de las dificultades que implica criar puede terminar generando el efecto contrario. “Esa mayor conciencia nos lleva también a atemorizarnos o querer ser tan responsables que preferimos no asumir [la paternidad]”, agregó.

A eso se suma otro cambio social: la disminución de las redes disponibles para acompañar a las familias.

“La crianza no es una tarea solo de los padres”

El psiquiatra destacó que criar históricamente ha involucrado a más personas que únicamente los padres.

Sin embargo, el individualismo y la pérdida de redes familiares pueden aumentar la carga que enfrentan quienes tienen hijos. “Nos ayudamos menos, contamos menos con el que está al lado... porque la crianza no es una tarea solo de los padres”, señaló.

Familiares como abuelos y tíos pueden formar parte de esas redes, disminuyendo la presión que recae exclusivamente sobre los padres.

La crítica a la Jornada Escolar Completa

Correa del Río también abordó el papel que cumple el sistema educacional en el desarrollo de los niños.

En particular, cuestionó el destino que terminó teniendo el aumento de horas asociado a la Jornada Escolar Completa. “Esa mayor cantidad de horas en los recintos educacionales se usó para que tuvieran mejor rendimiento aún centralizado en lo académico”, sostuvo. A juicio del especialista, ese tiempo podría haber sido utilizado también para fortalecer el desarrollo socioemocional.

Los distintos desafíos analizados apuntan así a una misma tensión: niños expuestos a mayores estímulos y adultos sometidos a fuertes exigencias sociales.

Frente a ese escenario, Correa del Río plantea la importancia de recuperar los límites, las redes de apoyo y espacios de desarrollo que no estén determinados exclusivamente por el rendimiento.


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