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La verdadera razón por la que los niños siempre piden "cinco minutos más" antes de dormir, según la psicología

Una psicóloga explicó por qué muchos niños ponen excusas para retrasar la hora de dormir y cómo los padres pueden enfrentar esta conducta sin perder los límites.

Niños No Quieren Dormir
Getty Images

Pedir un vaso de agua, solicitar un cuento más o hacer preguntas justo cuando llega la hora de acostarse es una situación habitual en muchos hogares. Aunque a simple vista puede parecer una estrategia para retrasar el momento de dormir, la psicología sostiene que este comportamiento suele responder a una necesidad emocional.

La doctora en psicología infantil y de adultos Amy Vigliotti explica que la hora de dormir representa una de las principales transiciones del día para los niños: pasar de estar acompañados a quedarse solos.

La necesidad de conexión antes de dormir

Según la especialista, durante el día los niños permanecen ocupados entre el colegio, las actividades y la rutina familiar. Cuando finalmente llega la calma, también aparecen emociones que muchas veces no saben expresar.

En ese contexto, pedir "un abrazo más" o intentar prolongar la rutina nocturna no necesariamente busca evitar el sueño.

"Pedir un abrazo más no es necesariamente un intento de manipular a los padres o evitar dormir. Con mayor frecuencia, es un intento de mantenerse conectados", explica Amy Vigliotti.

La psicóloga señala que esta necesidad de apego puede mantenerse durante distintas etapas del desarrollo. Estas, apareciendo incluso en adolescentes o adultos jóvenes en momentos de incertidumbre.

Cómo responder sin convertir la noche en una negociación

Comprender el origen de estas conductas no significa eliminar los límites a la hora de dormir.

La especialista recomienda mantener una rutina estable, pero incorporando momentos de conexión con los niños antes de acostarse.

Dedicar alrededor de 10 minutos a conversar, jugar o compartir atención plena puede ayudar a disminuir la ansiedad y favorecer un descanso de mejor calidad.

De esta manera, es posible responder con empatía a las necesidades emocionales del niño sin transformar cada noche en una negociación para retrasar la hora de dormir.


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