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The Hives en Chile: un knock out absoluto en el Caupolicán

La banda sueca se presentó en Chile con un setlist explosivo, caótico y estridente que demostró que el rock está más vivo que nunca.

THE HIVES EN CHILE
Cristóbal Orellana

La banda sueca The Hives concretó su esperado regreso a Chile, en el marco de la gira de su nuevo álbum, The Death of Randy Fitzsimmons, después de casi 10 años de ausencia.    

El encuentro comenzó con la banda nacional Alectrofobia, y después de media hora de show, y media hora de espera, la autodenominada “champaña de las bandas” apareció en el escenario, de punta en blanco con sus trajes y listos para levantar el techo del Teatro Caupolicán con su estridencia característica. 

Imposible no bailar con The Hives

El setlist fue curado cuidadosamente: sólo incluye las canciones más eufóricas, las mejores para quitar el estrés, y las que garantizan que te vas a mover al ritmo de la música. 

THE HIVES EN CHILE
Sofía Antequera

Partimos con una marcha fúnebre, que nos llevó directo a Bogus Operandi. Si la pieza de Chopin representaba nuestra muerte, The Hives hizo su mejor esfuerzo por traernos de vuelta a la vida. Y como no lo iban a lograr, si desde ese primer acorde, la energía de la sala cambió. 

Después nos movimos a los 2000, cuando The Hives estaba ganando espacio en la escena del garage rock con éxitos como Main Offender y Walk Idiot Walk. Le siguieron Rigor Mortis Radio y Good Samaritan, que inspiraron suficiente movimiento para generar una centrífuga al medio de la cancha. 

Después de algunos minutos, la banda presentó Hate To Say I Told You So, que es, según ellos, la canción favorita de todos en esa sala y sus mamás. No es un hecho confirmable, pero Pelle lo asegura con tanta confianza que es difícil ponerlo en duda. Y hay pocos argumentos mejores que esa línea de bajo. 

El primer final fue una cuenta regresiva, así que, naturalmente, era el turno de Countdown To Shutdown. Pero de "shutdown" no hubo mucho, porque los suecos volvieron al escenario para presentar dos canciones más. Come On! (seguramente la pieza más reflexiva de su repertorio) y Tick Tick Boom, la única canción con el vigor suficiente para ponerle el broche de oro a esta noche.

Son los pequeños detalles

Es que los suecos no dan ni un minuto de tregua. Demandan toda la energía del público, y hacen temblar el recinto con riffs de guitarra, golpes de batería y líneas de bajo que se vuelven adictivas. 

No es sólo la música lo que conquista. Es el magnetismo de Pelle Almqvist, que comanda al público desde el escenario, con un español ligeramente quebrado pero totalmente entrañable. Los fanáticos lo siguen, lo escuchan, hacen exactamente lo que dice, y por la duración del concierto, lo convierten en el rey indisputable de la sala. Y Almqvist parece encantado de usar esa corona. 

Sumado a eso, en la lista de cosas que hacen geniales a “Los Hives” –como los llama Almqvist en su paso por Chile–, está la puesta en escena, llena de detalles que ayudan a un show dinámico a dar el siguiente paso. 

No fue suficiente subir al escenario con trajes (negros con bordados en forma de rayos y notas musicales), sino que los detalles blancos brillaban en la oscuridad. Y tampoco fue suficiente tener tramoyas vestidos de negro que pudieran ordenar todo para asegurar un show exitoso, sino que decidieron vestirlos de ninjas. Realmente, son los pequeños detalles…

The Hives son creativos, divertidos, y esencialmente rupturistas; punk. Y con todos estos elementos, nadie lo podría poner en duda. 

Al comenzar el show, The Hives se sube al escenario con una promesa: te van a hacer saltar, gritar y cantar por una hora y media continuas, sin un minuto de descanso. Y hacia el final, con este reto cumplida a cabalidad, habiendo soltado todo el estrés del año, y habiendo hecho el ejercicio equivalente a dos meses de gimnasio, sólo queda una idea: no cabe duda de que tenían sus motivos cuando se autonombraron "la champaña de las bandas".

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