Imagina caminar por un edificio de oficinas completamente vacío. Las luces están encendidas, las paredes son idénticas y los pasillos parecen no terminar nunca. No hay monstruos ni señales evidentes de peligro, pero algo resulta profundamente inquietante. Esa sensación está detrás de las backrooms, un fenómeno de terror nacido en internet que convirtió los espacios vacíos y aparentemente normales en escenarios capaces de generar miedo.
Su origen se remonta a una fotografía tomada en 2002 durante la remodelación de un almacén de muebles en Wisconsin, Estados Unidos. En 2019, la imagen de una habitación con alfombra amarillenta e iluminación fluorescente apareció en el foro 4chan y dio inicio a una mitología digital.
Con el tiempo, la idea se expandió mediante relatos colectivos y videos. En 2022, el creador Kane Parsons, conocido como Kane Pixels, publicó un cortometraje que recreaba estos espacios como una antigua grabación VHS. El fenómeno llegó posteriormente al cine con Backrooms, película de A24 estrenada en 2026 y dirigida por el propio Parsons.
Pero ¿por qué un lugar aparentemente inofensivo puede provocarnos tanto miedo?
El cerebro sospecha de un peligro que no puede identificar
Una de las explicaciones está relacionada con el concepto psicológico de creepiness, una sensación de inquietud que aparece cuando percibimos una posible amenaza sin poder identificarla claramente. El investigador Mathias Clasen, codirector del Laboratorio de Miedo Recreativo de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, lo describe como una respuesta ante situaciones ambiguas.
En estos casos, el cerebro sospecha que algo podría salir mal, aunque no exista evidencia concreta de peligro. Por eso, las backrooms no necesitan recurrir a criaturas aterradoras o sobresaltos constantes.
El psiquiatra Arash Javanbakht, de la Universidad Estatal Wayne, también destaca la importancia de la perspectiva en primera persona. Cuando observamos un pasillo desde ese punto de vista, no podemos saber qué ocurre detrás de nosotros. Esa limitación puede intensificar la sensación de encierro e incertidumbre.
¿Por qué nos incomodan los pasillos interminables?
El psicólogo Francis McAndrew, del Knox College, sostiene que los espacios sin una lógica reconocible pueden generar incomodidad.mNuestro cerebro construye mapas mentales para comprender los lugares que habitamos. Esperamos que una puerta conduzca a una habitación, que un pasillo tenga un destino y que los objetos estén ubicados donde corresponde.
Cuando esas expectativas se rompen, aparece una sensación de extrañeza. El neurocientífico Alexander Diel, del Hospital Universitario LVR de Essen, en Alemania, estudió las características arquitectónicas que producen este efecto.
Entre ellas identificó la ausencia de elementos esperados, las puertas ubicadas en lugares extraños y la repetición excesiva de patrones. Su investigación relaciona estas imágenes con el llamado valle inquietante, un concepto utilizado originalmente para explicar el rechazo que provocan las representaciones humanas que parecen reales, pero no del todo.
Qué son los espacios liminales y por qué se volvieron populares
Los escenarios de las backrooms forman parte de una estética conocida como espacios liminales. Se trata de lugares de tránsito, como pasillos escolares, aeropuertos, hoteles o centros comerciales, que adquieren una apariencia extraña cuando están completamente vacíos.
Un colegio durante las vacaciones o un centro comercial después del cierre pueden resultar familiares y perturbadores al mismo tiempo. La estética ganó popularidad en internet durante 2020, cuando las imágenes de lugares públicos desiertos durante los confinamientos despertaron una fascinación colectiva.
También existe un componente relacionado con la memoria: algunas fotografías evocan escenarios de la infancia, aunque no podamos reconocer exactamente dónde los vimos. El arquitecto Anthony Chieh, director del estudio AC-AD, destaca precisamente esa contradicción: son lugares diseñados para la presencia humana, pero aparecen sin ninguna persona.
De El resplandor a Severance: cuando el escenario provoca terror
Aunque las backrooms popularizaron este tipo de imágenes en internet, el cine y la televisión ya habían utilizado espacios desconcertantes para generar tensión. En El resplandor (1980), Stanley Kubrick convirtió el Hotel Overlook en un laberinto cuya distribución desafía la lógica arquitectónica.
Sus pasillos y ventanas no siempre encajan en una estructura coherente, algo que contribuye a la desorientación del espectador. Una estrategia similar aparece en Severance, donde los corredores de la ficticia empresa Lumon Industries parecen extenderse indefinidamente.
La combinación de iluminación fluorescente, decoración mínima y espacios repetitivos crea una atmósfera incómoda sin necesidad de mostrar una amenaza. En ambos casos, el escenario deja de ser un simple fondo para convertirse en parte fundamental de la experiencia.
Y esa es precisamente la clave de las backrooms: el miedo no siempre aparece por lo que vemos, sino también por aquello que nuestro cerebro espera encontrar y nunca aparece.
