El 15 de septiembre de 1988, Doble Vida llegó a las disquerías y abrió una nueva etapa para Soda Stereo.
El cuarto álbum de estudio del trío formado por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti cambió su propuesta musical y amplió sus horizontes.
La banda comenzó a trabajar en las canciones en marzo de ese año.
Para la producción, Cerati apostó por Carlos Alomar, reconocido músico y productor que había trabajado con figuras como David Bowie, Paul McCartney, James Brown y Mick Jagger.
Alomar propuso un método de trabajo inspirado en las producciones estadounidenses.
En junio, Soda Stereo viajó a Nueva York para ensayar y grabar el álbum en distintos estudios.
El resultado incorporó una fuerte influencia del funk y sumó elementos de soul, disco y R&B. Además, En el borde incluyó un segmento de rap interpretado por el propio Alomar.
El salto internacional de Soda Stereo
La experiencia neoyorquina también modificó la manera en que el grupo construía sus canciones.
Alomar buscó capturar la energía de Soda Stereo en vivo y trabajó las bases con los músicos tocando juntos antes de añadir nuevos elementos.
Doble Vida incluyó canciones que terminarían entre las más reconocidas de la banda, como En la ciudad de la furia, Corazón delator, Lo que sangra (La cúpula) y Picnic en el 4º B.
La propia banda recuerda ese período como un momento de nuevos desafíos y expansión internacional.
El álbum llevó a Soda Stereo a conquistar nuevos públicos en América.
La gira promocional recorrió Argentina, México, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Estados Unidos, con 90 presentaciones en total.
En Argentina, el grupo presentó el disco ante 25 mil personas en Obras Sanitarias el 3 de diciembre de 1988.
Días después, cerró el festival Tres Días por la Democracia frente a una multitud en la avenida 9 de Julio.
La etapa internacional culminó en diciembre de 1989 con dos conciertos en el Hollywood Palace de Los Ángeles.
Para entonces, Soda Stereo ya había superado el millón de discos vendidos en todo el mundo.
Doble Vida representó así un punto de quiebre para Soda Stereo: dejó atrás parte de su estética inicial, consolidó una identidad musical más madura y preparó el terreno para lo que vendría con Canción animal.
