Está presente en el paisaje de buena parte del país, forma parte de la identidad nacional y se extiende durante miles de kilómetros. Sin embargo, para gran parte de los chilenos entrar realmente a la cordillera sigue siendo una experiencia mucho más difícil que simplemente observarla desde la ciudad.
Esa paradoja está detrás de la propuesta del arquitecto y urbanista Antonio Lipthay, quien planteó en su columna de Concierto Valor cambiar la forma en que históricamente hemos entendido a la cordillera de los Andes.
Antonio Lipthay
En lugar de observarla exclusivamente como una frontera natural que divide países, propone pensarla como un enorme “parque continental”: un territorio capaz de conectar comunidades, desarrollar turismo y actividades deportivas, rescatar su dimensión cultural e incluso aportar recursos estratégicos frente a los desafíos climáticos. “La cordillera nos presenta una oportunidad de remirar nuestro continente [...] de una forma probablemente distinta a como lo hemos venido haciendo históricamente”, planteó.
De una frontera a un territorio que conecta
Una de las principales ideas de Lipthay consiste en modificar una representación profundamente instalada de los Andes.
La cordillera suele aparecer como una barrera natural que separa a Chile de Argentina y del resto de Sudamérica. Sin embargo, cuando se amplía la mirada hacia todo el continente, también puede entenderse como un eje que conecta diferentes territorios de norte a sur. “Si uno entiende la cordillera como un gran espacio que conecta todo el continente de norte a sur, no como un eje que divide, sino que como la posibilidad de encontrar lugares donde se puede habitar [...] vamos a empezar a mirar eso que llamas tú el parque continental”, explicó.
La propuesta no apunta simplemente a conquistar espacios deshabitados. Los Andes cuentan con una extensa historia de ocupación humana y un patrimonio cultural que se manifiesta en distintos puntos del continente. Durante la conversación aparecieron como ejemplos lugares como Cusco y Machu Picchu, que muestran cómo la montaña ha sido históricamente un territorio donde también se construyeron comunidades y formas de vida. “No es una barrera, sino que es una oportunidad de descubrir un territorio que hemos explorado poco”, sostuvo Lipthay.
Una cordillera presente, pero difícil de alcanzar
En Chile aparece entonces una contradicción particular.
El país posee una enorme extensión de costa y montaña, pero eso no significa necesariamente que esos territorios sean accesibles para la población.
En el caso de la cordillera, la falta de infraestructura vial y de una red suficientemente desarrollada de senderos equipados restringe las posibilidades de utilizarla para trekking, recreación, turismo o actividades deportivas.
Pensar en los Andes como un parque continental requeriría, por lo tanto, algo más que un cambio conceptual. También supondría discutir cómo generar infraestructura que permita ingresar a la montaña y recorrerla, manteniendo las condiciones necesarias para relacionarse adecuadamente con su entorno.
La posibilidad de acercar la cordillera a las personas también podría ampliar actividades que actualmente se encuentran concentradas en determinados lugares o grupos.
Del Everest a la masificación de la montaña
El montañismo chileno ha tenido hitos importantes que ayudaron a cambiar la relación del país con la alta montaña.
Durante la conversación se recordó la expedición encabezada por Rodrigo Jordán al Everest, dentro de un proceso que contribuyó a desarrollar una mayor cultura de montaña en Chile.
El esquí también permite observar esa evolución. Experiencias en sectores como Farellones, Antillanca y Malalcahuello muestran cómo las actividades vinculadas a la nieve y la montaña han ido adquiriendo una presencia más amplia.
La propuesta de Lipthay busca profundizar esa relación y pensar la cordillera no solamente desde las actividades deportivas, sino como un territorio que puede integrarse de manera más cotidiana al desarrollo del país.
Un territorio estratégico ante la crisis climática
La mirada hacia los Andes también adquiere otra dimensión frente a los escenarios de crisis climática. La cordillera concentra recursos hídricos, energéticos y ecológicos que pueden convertirse en elementos relevantes para la resiliencia de los territorios.
Desde esta perspectiva, conocer, conectar y comprender mejor esos espacios no tendría solamente un valor recreativo o turístico. También permitiría discutir qué papel puede desempeñar la geografía chilena frente a escenarios globales más severos y qué capacidades de autosuficiencia pueden desarrollarse aprovechando responsablemente los recursos disponibles.
La montaña pasa así de ser el paisaje que marca el horizonte a convertirse en parte de una estrategia territorial de largo plazo.
Los Andes también pueden integrar países
La misma cordillera que históricamente ha servido para delimitar fronteras podría transformarse, bajo esta mirada, en un espacio de integración. En zonas fronterizas ya existen dinámicas culturales y económicas que no necesariamente responden a una separación rígida entre países.
La cultura gaucha en la Patagonia o las relaciones económicas locales en sectores cercanos a San Pedro de Atacama muestran territorios donde las conexiones pueden superar las divisiones administrativas.
Una mayor integración de la cordillera podría potenciar esas dinámicas mediante turismo, actividades económicas y circuitos capaces de conectar distintos puntos de Sudamérica. Y es ahí donde la idea del “parque continental” adquiere su sentido más amplio.
No se trataría solamente de construir senderos o mejorar accesos, sino de cambiar la forma en que entendemos uno de los elementos geográficos más importantes del continente. “Diría que si tenemos un lugar para crecer es hacia el mar y hacia la cordillera con todo su potencial”, afirmó Lipthay.
Chile ha vivido históricamente entre ambos. El desafío que plantea el arquitecto es dejar de observarlos únicamente como los límites que encierran al país . Además, busca comenzar a preguntarse qué oportunidades podrían aparecer si también los entendiéramos como territorios hacia los cuales expandir nuestra mirada.
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