Mucho antes del éxito mundial de Merlina, Jenna Ortega ya pasaba extensas jornadas trabajando frente a las cámaras. Ahora, a los 23 años, la actriz recordó una conducta que mantuvo durante aquella etapa y que actualmente observa de una manera diferente.
En conversación con Esquire, Ortega reveló que durante su infancia evitaba incluso detener las grabaciones para cubrir necesidades básicas, debido a su preocupación por interrumpir el trabajo de quienes la rodeaban.
“Podía pasarme el día entero sin comer, beber, nada, porque no quería molestar a nadie”, recordó.
Al analizar aquellos años desde su vida adulta, la intérprete reconoció que no prestaba suficiente atención a su propio bienestar mientras intentaba cumplir con las exigencias de los sets.
La aparición de Jenna Ortega que abrió un debate en redes
Las declaraciones coincidieron con la circulación de imágenes correspondientes a la entrevista, que provocaron distintas reacciones entre los seguidores de la actriz.
Por un lado, algunos usuarios manifestaron preocupación por cambios que aseguraban observar en su figura. Por el otro, cuestionaron que se realizaran especulaciones sobre su estado de salud basándose únicamente en su apariencia.
Jenna Ortega
La discusión terminó ampliándose hacia la presión estética y el escrutinio que enfrentan las mujeres de la industria del entretenimiento.
En ese contexto también apareció el caso de Ariana Grande, quien ha recibido comentarios sobre su apariencia. Por esto, anunció que se alejará temporalmente de la vida pública una vez finalizada su gira Eternal Sunshine. La cantante atribuyó su decisión al “escrutinio público constante e interminable”.
Figuras como Nicole Kidman, Demi Moore, Vera Wang, Lily Collins, Tini, Cynthia Erivo y Alexa Demie también han sido objeto de comentarios sobre sus cuerpos en redes sociales.
El llamado a no sacar conclusiones por una fotografía
Frente a este fenómeno, Jorge Varela, director del Laboratorio de Convivencia del Instituto de Bienestar Socioemocional de la Universidad del Desarrollo, advirtió sobre la influencia que pueden tener las redes sociales en la construcción de la autoimagen entre adolescentes.
Sin embargo, el psicólogo también planteó un límite importante: no corresponde diagnosticar a una persona a partir de fotografías o de su apariencia física.
Ni Jenna Ortega ni Ariana Grande han confirmado padecer un trastorno alimentario. Por ello, su aspecto no permite establecer por sí solo la existencia de un problema de salud.
La discusión surgida alrededor de Ortega termina así exponiendo una contradicción: comentarios que parten manifestando preocupación por una celebridad pueden terminar alimentando el mismo escrutinio sobre su cuerpo que pretenden cuestionar.
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