Entrevistas

“Abandono por sobreprotección”: la paradoja de la crianza moderna que preocupa por sus efectos en los niños

Expertos analizaron cómo la sobreprotección, la pérdida del juego libre y el uso de pantallas pueden afectar la autonomía de niños y niñas.

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Getty Images

Saber dónde están, qué están haciendo y acompañarlos prácticamente en cada actividad. La posibilidad de supervisar constantemente a los hijos ha instalado una forma de crianza muy distinta a la que experimentaron generaciones anteriores.

Sin embargo, estar más pendientes no necesariamente significa entregarles todas las herramientas que necesitan.

En el Panal de Ideas de Concierto Valor, Mónica Retamal, Anne Traub y Camilo Herrera abordaron los efectos de una crianza cada vez más intensiva y la progresiva pérdida de espacios donde niños y niñas puedan desenvolverse autónomamente.

La discusión apuntó a una paradoja que Herrera resumió en una frase: “Hay abandono por sobreprotección”.

¿Qué ocurre cuando los niños dejan de jugar solos?

Uno de los principales puntos de la conversación fue la pérdida del denominado juego libre.

Mónica Retamal destacó que esos momentos sin una supervisión permanente de los adultos permiten desarrollar capacidades que posteriormente resultan fundamentales. “La capacidad de tomar decisiones se forja mucho en el juego autónomo y en el juego libre porque uno aprende a negociar, a enojarse, a reconciliarse, etcétera”, explicó.

Mónica Retamal
Mónica Retamal

El juego, desde esta perspectiva, no constituye solamente una instancia de entretención.

Resolver desacuerdos con otros niños, tomar decisiones sin recibir instrucciones permanentes o incluso enfrentar pequeños conflictos permite desarrollar autonomía. La crianza actual, en cambio, estaría avanzando hacia un mayor control de esas experiencias.

Padres pendientes del “paso a paso”

Anne Traub puso el foco precisamente en esa vigilancia permanente. “Hoy día estamos los papás muy alertas del paso a paso de los hijos”, sostuvo.

Anne Traub (2)
Anne Traub

Según explicó, el problema aparece cuando esa preocupación termina reduciendo las oportunidades para que niños y niñas aprendan a desenvolverse por sí mismos. “No le estamos dando esa autonomía que les permite desarrollar mucho más la creatividad, la libertad, el autocuidado incluso”, agregó.

La intención de proteger puede terminar así generando una consecuencia contradictoria: evitar situaciones donde precisamente podrían adquirir herramientas para enfrentar dificultades futuras. Camilo Herrera sintetizó esa contradicción con el concepto de “abandono por sobreprotección”.

Camilo Herrera (2)
Camilo Herrera

Una crianza cada vez más individual

La discusión también apuntó a que el problema no depende exclusivamente de las decisiones que toman los padres dentro de sus hogares.

Retamal sostuvo que también se ha producido una transformación en la manera en que la sociedad entiende la responsabilidad de criar. “Hoy día la crianza también se tornó algo muy individual, muy aguas adentro, muy problema tuyo”, señaló.

Para la panelista, esta situación tendría consecuencias relevantes. “Eso tiene una consecuencia hoy día en salud mental muy fuerte”, agregó.

Herrera coincidió en la importancia de recuperar una dimensión comunitaria de la crianza. “Necesitamos de toda una tribu para cuidar a un solo niño”, afirmó.

Sin embargo, aseguró que esa red se ha ido debilitando. “En una cultura tan individualista como la que tenemos se ha perdido eso de que una comunidad cuide”, sostuvo.

De esta manera, los padres enfrentan una responsabilidad cada vez más concentrada dentro del núcleo familiar mientras, paralelamente, aumentan las expectativas sobre cuánto deben supervisar a sus hijos.

El celular como “chupete electrónico”

Las pantallas aparecieron como otro elemento dentro de esta transformación.

Herrera utilizó una expresión gráfica para describir el papel que pueden terminar cumpliendo los dispositivos en determinados momentos de la crianza. “Renunciamos, les pasamos el chupete electrónico también”, señaló.

El panelista ejemplificó la situación con una escena cotidiana. “En los restaurantes tú ves que las familias salen a comer y el niño está con el celular”, afirmó.

La discusión planteó así dos extremos que pueden coexistir dentro de la crianza moderna: una supervisión permanente de los movimientos de los hijos y, al mismo tiempo, el uso de dispositivos para ocupar aquellos espacios donde los adultos dejan de interactuar directamente con ellos.

Frente a ese escenario, los panelistas pusieron nuevamente el foco en la autonomía.

Permitir espacios de juego libre, recuperar redes comunitarias y entregar oportunidades para que los niños tomen sus propias decisiones podría ayudar a desarrollar capacidades como la negociación, la creatividad y el autocuidado.

La paradoja planteada durante la conversación es que proteger constantemente a un niño no necesariamente significa prepararlo mejor para desenvolverse por sí mismo.


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