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"Un desgaste emocional impresionante": Irina Karamanos y su relato revelador sobre La Moneda

En una entrevista reveladora, Irina Karamanos desmitificó el rol de Primera Dama y destapó diferencias en La Moneda.

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Vein

En una extensa entrevista con la revista española Vein, Irina Karamanos, expareja del Presidente Gabriel Boric, compartió su visión crítica sobre el rol de Primera Dama.

Renunció a este cargo, cuestionando su tradicionalismo y el peso del poder que conlleva.

El rol de Primera Dama

En la entrevista, Karamanos cuestionó la imagen tradicional de pareja presidencial, manifestando que "se construye una imagen de pareja presidencial en el poder, muy tradicional. Es como la versión profesional de ser pareja".

Además, reflexionó sobre el poder inherente a este cargo y su incomodidad al respecto: "siempre me sentí muy atenta, tensa e incómoda con tener poder".

Convicciones democráticas y desafíos personales

Con una fuerte convicción democrática, Karamanos reconoció haber renunciado al cargo por considerarlo ilegítimo.

"Me iba dando cuenta de lo mucho que se puede hacer con esa posición jerárquica y a la vez decidía no usarla", dijo.

Asimismo, Irina Karamanos confesó haber utilizado el poder para desarmarlo, revelando un nivel de desgaste emocional considerable.

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La realidad en La Moneda

Una de las revelaciones más sorprendentes es su percepción de las diferencias de espacios en La Moneda.

"La primera es la diferencia entre oficinas en el Palacio de La Moneda. Creo que la jerarquía simbólica de los espacios del Palacio es muy fuerte. Vivimos en un país muy desigual, socioeconómicamente hablando, y la apariencia ha sido un tema en la cultura chilena muy fuerte. Uno demuestra cosas con esa apariencia, demuestra poder, demuestra jerarquía. Y el Palacio replica eso de una manera muy tajante", expresó.

Y agregó que "mi oficina era de un lujo que me sorprendía todos los días, los otros equipos le decían Versalles. Tres pisos más abajo, exactamente debajo de mi oficina, está la lavandería del Palacio, que no tiene ventanas, donde trabajan mujeres hace décadas, de quienes se conoce poco, y ahí es donde terminan las camisas manchadas con café y vuelven a aparecer arriba en los salones cuando están nuevamente perfectas. Por arte de magia. Las habitaciones de las guardias de Palacio, por ejemplo, no solo no tienen sillones cómodos, sino que están rotos. Y así".

Karamanos también compartió el costo emocional de su intento de transformar el rol, admitiendo el desgaste que enfrentó: "un nivel de desgaste emocional impresionante".

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