Pocas trayectorias en la música popular británica albergan tantas transformaciones como la de Gordon Matthew Thomas Sumner. Nacido el 2 de octubre de 1951 en Wallsend, al noreste de Inglaterra, creció maravillado por la efervescencia de The Beatles y The Rolling Stones. Sin embargo, su propia escuela musical no arrancó en los estadios, sino en la bohemia nocturna del jazz tradicional.
Hacia la primavera de 1973, con 21 años, tocaba las cuatro cuerdas durante los fines de semana junto a la Phoenix Jazzmen en Newcastle. Su director, Gordon Solomon, reparó de inmediato en una prenda que el joven músico vestía con frecuencia: un chaleco negro con gruesas franjas amarillas que le daba el aspecto de una abeja. Pronto comenzaron a llamarlo Sting ("Aguijón").
Aunque al principio creyó que el apodo desaparecería con los días, terminó borrando su identidad civil para siempre. Décadas más tarde, consultado por su nombre real, fue categórico: "Mis hijos me llaman Sting, mi madre me llamaba Sting... ¿quién demonios es ese personaje de Gordon?".
De Strontium 90 al mix punk-rock de The Police
Hacia 1977, el bajista se sumó a Strontium 90, un experimento de corta vida liderado por Mike Howlett (Gong) donde coincidió por primera vez con el baterista Stewart Copeland y el guitarrista Andy Summers. Aquel embrión dio paso formal a The Police, debutando en pleno auge del punk londinense.
En sus primeros meses, el conjunto no lograba despegar del montón de agrupaciones ruidosas de la escena. El quiebre vino de la mano de Copeland, quien una tarde llegó al ensayo con un puñado de vinilos de Bob Marley y se los entregó al vocalista: "Te voy a pasar a este tipo".
Aquel flechazo con el reggae y el dub jamaiquino derivó en la gestación de álbumes históricos como Outlandos d'Amour y Reggatta de Blanc, instaurando una fórmula de compases sincopados, guitarras atmosféricas y tensión punk que los convirtió en gigantes de escala planetaria.
El camino solista y la conexión con Chile
Tras la disolución del trío en la cumbre comercial de Synchronicity (1983), Sting no tardó en demostrar que su talento no dependía de una etiqueta. Su debut solista, The Dream of the Blue Turtles (1985), abrazó sin complejos el jazz de vanguardia con colaboradores de lujo como Branford Marsalis.
Fue precisamente durante esa época de madurez donde forjó una relación única y conmovedora con Chile. Conmovido por el drama de las violaciones a los derechos humanos y la valentía de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, el músico compuso "They Dance Alone (Cueca Sola)".
Su histórica presentación en el Estadio Nacional en octubre de 1990 durante el concierto de Amnistía Internacional —subiendo al escenario a las madres y familiares de las víctimas— selló una hermandad indisoluble con el público local, la cual revalidó en cada una de sus visitas posteriores a suelo nacional, tanto en formato solista como en la reunión de The Police en 2007.
300 millones de dólares, dieta macrobiótica y cero herencia
Pese a figurar de forma constante en el listado de los 20 músicos más acaudalados del planeta —con un patrimonio estimado en 300 millones de dólares tras la venta de su catálogo discográfico—, el británico vive regido por códigos singulares. Radicado desde los años 90 junto a su esposa Trudie Styler en una granja campestre donde cultiva sus propios alimentos, mantiene una estricta dieta macrobiótica basada en granos integrales, legumbres y vegetales, suprimiendo procesados, lácteos y carnes.
Esa misma sobriedad la aplicó con sus seis descendientes. El artista ha ratificado públicamente que no dejará grandes herencias monetarias a sus hijos: "Tienen que trabajar. Todos lo saben y rara vez me piden algo, lo cual respeto y aprecio profundamente. El dinero que entra se gasta y fluye", confesó.
Reivindicando su origen en la clase trabajadora británica, el músico mantiene intactas sus convicciones políticas: "Sigo siendo de izquierda, sigo siendo socialista —aunque sea muy rico—", comentó entre risas a la prensa internacional. A sus 75 años, el aguijón de Gordon Sumner sigue tan afilado, lúcido y vigente como en sus primeros días de escenario
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