A comienzos de los años 90, el sonido del britpop operaba mayoritariamente como una escena de consumo local en el Reino Unido. Además, era un fetiche para clientes de disquerías independientes en el extranjero. Sin embargo, la balanza de la cultura popular se inclinó de manera irreversible el 2 de octubre de 1995. Esto ocurrió con la salida al mercado de (What’s the Story) Morning Glory?, el segundo álbum de Oasis.
Si su exitoso debut, Definitely Maybe (1994), encapsulaba la rabia juvenil, el hedonismo y la urgencia de unos chicos de Manchester soñando con escapar del anonimato, su sucesor reflejó la resaca y la adaptación a una celebridad descomunal. Como resumió con precisión el propio Noel Gallagher en una entrevista de la época:
"Mientras que 'Definitely Maybe' trata sobre soñar con ser una estrella de rock en una banda, 'Morning Glory' trata sobre ser realmente una estrella de rock en una banda".
Caos en Gales: la ruptura fraterna en Rockfield
El monumental éxito del LP contrasta directamente con la atmósfera tóxica que rodeó su proceso de gestación. Instalados en los estudios Rockfield en Monmouth, Gales, la convivencia entre Liam y Noel Gallagher derivó en episodios de violencia. Como consecuencia, pusieron en jaque el futuro del grupo.
El conflicto estalló cuando Noel manifestó su intención de asumir la voz principal en cortes clave como "Wonderwall" y "Don’t Look Back in Anger". La colisión de egos fue tan severa que las sesiones se paralizaron durante tres semanas completas tras una violenta pelea.
Superado el trance y con las aguas más calmas, la banda retomó las grabaciones durante un par de semanas adicionales, sellando un pacto que pasaría a la historia: Liam pondría su inimitable sello vocal en "Wonderwall", mientras que Noel se adueñaría con propiedad del micrófono en "Don’t Look Back in Anger", regalando una de las interpretaciones más coreadas en la historia de la música británica.
Una máquina de hits contra la resaca del grunge
El cancionero de Morning Glory fue implacable. En un mercado global —y especialmente estadounidense— saturado por la segunda ola del grunge y las fórmulas desgastadas del rock de rotación en MTV, Oasis ofreció un bálsamo de melodía limpia, optimismo y una innegable raíz Beatle.
Al magnetismo callejero de "Wonderwall" y la épica melancólica de "Don’t Look Back in Anger" se sumó "Champagne Supernova". En este tema, que dura más de siete minutos, los rasgueos acústicos y los armónicos dan paso a una balada clásica. Así se completa un combo de sencillos imbatibles junto a "Roll With It" y "Some Might Say".
El impacto cultural fue tan contundente que críticos como John Harris sentenciaron en The Guardian que la salida de "Wonderwall" cambió radicalmente las normas del juego: la balada accesible se volvió obligatoria y el imperio de los pantalones de cuero del rock clásico llegó a su fin.
Números históricos y el veredicto del tiempo
El impacto comercial no tardó en pulverizar registros. En su primera semana en las disquerías británicas despachó 347.000 copias. Esto lo convirtió en aquel momento en el segundo álbum con ventas más veloces de la historia de las islas tras Bad de Michael Jackson. Además, se mantuvo durante 10 semanas en la cúspide de los rankings del Reino Unido y alcanzó un histórico cuarto lugar en el Billboard 200 de Estados Unidos.
Con un ritmo que promediaba 200.000 copias semanales hacia fines de 1996, el segundo álbum de Oasis terminaría superando los 20 millones de ejemplares vendidos a nivel mundial.
Curiosamente, la recepción crítica inicial no fue benevolente; varios medios lo tildaron de ser un retroceso estilístico respecto a la crudeza de su antecesor. No obstante, el tiempo se encargó de hacer justicia con el cancionero de los Gallagher. Con el paso de las décadas, publicaciones de prestigio como Rolling Stone lo ubicaron entre los mejores álbumes de todos los tiempos. Además, lo definieron como la consagración definitiva de una era dorada para el rock británico.
A más de tres décadas de su irrupción, (What’s the Story) Morning Glory? no es solo el disco más vendido de Oasis: es el himno definitivo de una generación que aprendió a soñar en grande.
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