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Chile puede invertir en tecnología y seguir sin mejorar su productividad: el factor que puede dejar esa inversión “vacía”

Felipe Grau analizó el estancamiento de la productividad en Chile y apuntó a capacitación, burocracia y rigidez laboral como principales desafíos.

Benjamín Carrasco |

Productividad Y Tecnologia

Productividad Y Tecnologia

Comprar computadores más modernos, incorporar nuevas tecnologías o aumentar la inversión no garantiza automáticamente que una empresa consiga producir más. Si las personas no tienen las capacidades para aprovechar esas herramientas o existen dificultades para organizar eficientemente el trabajo, parte de ese potencial puede simplemente perderse.

Ese es uno de los ejemplos utilizados por Felipe Grau, gerente general de Casten y panelista de Concierto Valor, para abordar un problema que, sostiene, Chile arrastra desde hace al menos dos décadas: el estancamiento de la productividad. “Recordemos que la productividad es la combinación del trabajo, el capital y la tecnología”, explicó.

Felipe Grau

Su diagnóstico apunta a que mejorar solamente uno de esos componentes resulta insuficiente. Para Grau, Chile necesita abordar simultáneamente capacitación, regulación, burocracia y flexibilidad laboral.

Tener tecnología no significa saber aprovecharla

El avance tecnológico suele aparecer como una de las respuestas para conseguir que trabajadores y empresas produzcan más utilizando los mismos recursos.

Pero incorporar una herramienta no significa necesariamente obtener inmediatamente todos sus beneficios. “Yo no saco nada con tener un estupendo computador si no capacito a la gente para usar los computadores”, ejemplificó Grau.

Si esa inversión no viene acompañada de conocimientos y capacidades, agregó, “eso termina siendo vacío”. Su planteamiento permite explicar la productividad más allá de una simple incorporación de tecnología.

Una empresa puede aumentar su capital comprando nuevas máquinas, computadores o herramientas. Pero para transformar esa inversión en mayor producción necesita también personas capaces de utilizarlas y una organización que permita sacarles provecho.

“Creemos que todo se soluciona con una ley”

La segunda parte del diagnóstico de Grau apunta al marco en que interactúan empresas y trabajadores.

A su juicio, durante las últimas dos décadas Chile ha respondido a diferentes problemas laborales agregando progresivamente nuevas regulaciones. “Nos hemos encargado desde hace 20 o 25 años de ir cada vez más rigidizando, poniendo normas, quitando flexibilidad a la interacción humana”, sostuvo.

Para el panelista, detrás de ese proceso existe una tendencia a buscar respuestas legislativas para realidades que pueden ser considerablemente diferentes entre empresas, sectores y trabajadores. “Creemos que todo se soluciona con una ley o con un decreto”, cuestionó.

Su propuesta consiste en ampliar el espacio para que trabajadores y empleadores puedan alcanzar acuerdos adaptados a sus respectivas circunstancias, manteniendo un marco regulatorio que establezca las condiciones generales.

¿Todos los trabajadores necesitan lo mismo?

Grau cuestionó también la idea de abordar el mercado laboral como una estructura homogénea. “Las personas por naturaleza necesitamos flexibilidad y distintos incentivos”, señaló.

Una persona que estudia, otra que tiene hijos pequeños, alguien que cuida a un familiar y un trabajador que busca maximizar sus horas pueden tener necesidades completamente diferentes.

Para Grau, una regulación excesivamente uniforme puede reducir la capacidad de responder a esas diferencias. “Hemos rigidizado y tratado el mercado laboral casi como uno solo”, afirmó.

Su argumento es que entregar mayor espacio a acuerdos particulares podría permitir que las condiciones laborales se adapten mejor a las necesidades de cada caso.

¿Flexibilizar significa precarizar?

Una de las principales controversias que aparece al discutir mayor flexibilidad laboral es el riesgo de deteriorar las condiciones de los trabajadores.

Grau rechaza que ambos conceptos deban entenderse necesariamente como equivalentes. “Meter flexibilidad no tiene que ver con precarizar nada; muy por el contrario, muchas veces flexibilizar invita a que desprecarices”, sostuvo.

La afirmación corresponde a la posición del panelista dentro de un debate donde el desafío está precisamente en determinar cuánta flexibilidad puede incorporarse sin debilitar derechos y protecciones laborales.

Desde la perspectiva de Grau, permitir acuerdos que actualmente resultan difíciles o imposibles podría facilitar que ciertas relaciones laborales encuentren espacio dentro de la formalidad.

“No me pases plata, despéjame el camino”

El diagnóstico también alcanza al papel que debería desempeñar el Estado para impulsar la actividad económica.

Grau sostiene que la respuesta no pasa necesariamente por entregar subsidios o transferencias a las empresas. “A mí no me gusta que me pasen plata; sácame, despéjame el camino”, afirmó.

Ese “camino”, según explicó, incluye distintas barreras regulatorias y administrativas que pueden retrasar decisiones de inversión. “Menos rígido, menos permisología, más certeza y mayor flexibilidad respecto de cómo llevas el contrato laboral”, resumió.

El elemento de la certeza resulta especialmente relevante dentro de su planteamiento.

No se trata solamente de cuántas reglas existen, sino también de cuánto cambian y qué tan predecibles son para quienes deben tomar decisiones de inversión, contratación o expansión.

Cuando las reglas cambian constantemente

Grau utilizó una comparación sencilla para describir el problema. “Si tú pones algo que está demasiado lleno de reglas, al final es un problema”, sostuvo.

Pero existe además una segunda dificultad. “Y si permanentemente las estás cambiando”, agregó, se genera un escenario donde resulta más complejo adaptarse y planificar.

Su propuesta es establecer un marco menos rígido y realizar ajustes a medida que aparecen problemas específicos, en lugar de intentar anticipar mediante regulación todas las situaciones posibles.

Trabajo, capital y tecnología

El argumento central de Grau vuelve finalmente a los tres componentes con los que comenzó su análisis. La productividad depende de cómo se combinan trabajo, capital y tecnología, no solamente de cuánto existe de cada uno.

Comprar mejores herramientas sin capacitar a quienes deben utilizarlas puede desperdiciar inversión. Contar con trabajadores preparados, pero dificultar la reorganización de procesos, puede limitar su potencial. Y tener capital disponible mientras proyectos quedan detenidos por largos procesos administrativos puede impedir que ese dinero llegue a transformarse en actividad.

Por eso, para Grau, el problema de productividad que Chile arrastra desde hace décadas no tiene una única solución. Su propuesta combina capacitación tecnológica, reducción de trabas administrativas, certeza regulatoria y mayor flexibilidad en las relaciones laborales.

Una empresa puede tener el mejor computador disponible. La diferencia está en si existen las personas, conocimientos y condiciones necesarias para aprovecharlo.

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