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Exministros levantan una lamentable advertencia en Chile

Ricardo Lagos Weber, Cecilia Pérez, Francisco Vidal y Karla Rubilar alertaron sobre el odio político y llamaron a recuperar la convivencia democrática.

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Cuatro figuras que ocuparon la vocería de Gobierno desde distintos sectores políticos decidieron unirse en torno a una misma preocupación: el deterioro de la convivencia democrática y la creciente deshumanización del adversario.

Ricardo Lagos Weber, Cecilia Pérez Jara, Francisco Vidal Salinas y Karla Rubilar Barahona suscribieron la carta “El día después del odio”, publicada este martes en La Tercera.

Pese a reconocer las diferencias políticas que existen entre ellos, los exministros plantearon que hay una frontera que ninguna democracia debería cruzar: dejar de reconocer como legítimo a quien piensa distinto y comenzar a tratarlo como un enemigo. “La mesura no es debilidad y llegar a acuerdos no es traición”, sostienen en el texto.

La advertencia de cuatro exvoceros de Gobierno

Para los firmantes, el problema no está en la existencia de posiciones políticas enfrentadas. Las diferencias, remarcan, forman parte de cualquier sistema democrático.

La alerta aparece cuando la disputa comienza a transformar al adversario en alguien cuya dignidad puede ser ignorada por sus posiciones políticas.

En ese sentido, advierten sobre el peligro de instalar la idea de que una persona puede llegar a ser tan despreciable por sus opiniones que, si algo malo le ocurriera, de alguna manera lo merecería.

Los exministros apuntan además hacia ambos extremos del espectro político. Según plantean, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda pueden caer en una dinámica donde condenan los ataques dirigidos contra su propio sector, pero justifican o guardan silencio cuando afectan a sus adversarios.

El papel de las redes sociales

La carta también pone especial atención en el impacto que tienen actualmente las redes sociales en la discusión política. Una frase, acusación o etiqueta puede convertirse rápidamente en el punto de partida de una “funa digital”, seguida por una gran cantidad de publicaciones.

Parte de estas interacciones, señalan, pueden provenir de cuentas anónimas, falsas o coordinadas. El resultado es que la discusión puede dejar de centrarse en las ideas y desplazarse hacia la descalificación de las personas.

Sin embargo, los cuatro exvoceros también establecen una distinción: una crítica política dura no equivale automáticamente a odio, así como las palabras no generan necesariamente hechos violentos. Su advertencia apunta a los posibles efectos de una deshumanización sostenida en el tiempo.

“¿Qué diremos si algún día debemos lamentar un asesinato?”

Frente a este escenario, Lagos Weber, Pérez, Vidal y Rubilar reivindican la posibilidad de alcanzar acuerdos políticos sin abandonar las propias convicciones. “La mesura no es debilidad y llegar a acuerdos no es traición”, afirman.

El llamado adquiere un tono especialmente duro hacia el cierre de su reflexión. Esto, cuando los cuatro exministros plantean una pregunta sobre las eventuales consecuencias de normalizar el odio. “¿Qué diremos si algún día debemos lamentar un asesinato motivado por odio político?”, cuestionan.

La disputa política puede ser intensa, pero no debería terminar desconociendo la legitimidad ni la humanidad de quien está al otro lado.


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