Los campamentos suelen concentrar la atención pública cuando se discute la crisis habitacional en Chile. Sin embargo, tres de cada cuatro familias que llegan a una toma antes vivían arrendando o allegadas, según explicó Sebastián Bowen, director ejecutivo de Déficit Cero.
En su columna de Concierto Valor, el especialista planteó que los asentamientos informales son apenas la parte visible de un problema que afecta a entre 1,3 y 1,5 millones de hogares.
Sebastián Bowen
La dificultad para acceder a una vivienda ya no se explica únicamente por la pobreza o el allegamiento. Hoy también incluye a familias que no pueden pagar un arriendo o comprar una propiedad, así como a quienes terminan recurriendo a soluciones informales ante la falta de alternativas.
Los campamentos son solo la punta del iceberg
Para Bowen, observar la crisis habitacional únicamente a través de las tomas impide comprender cómo llegan las familias a esa situación.
El director ejecutivo de Déficit Cero utilizó la imagen de un iceberg para explicar que los asentamientos informales representan la parte más visible de un problema mucho más amplio. “Es como un iceberg: ves la punta, que es la toma o el campamento... pero tres de cada cuatro familias que llegan a un campamento antes estaban arrendando o allegadas”.
El dato permite entender que muchas familias no llegan directamente a un campamento, sino después de atravesar otras situaciones habitacionales que dejaron de ser sostenibles. Por eso, Bowen advirtió que las medidas centradas exclusivamente en los asentamientos no necesariamente resuelven las causas que originan el problema. “Solucionando únicamente el síntoma no vas a solucionar la enfermedad”.
La discusión, desde esta perspectiva, no se limita a qué ocurre con una toma después de un desalojo, sino también a qué alternativas habitacionales existen para las familias que no pueden sostener sus condiciones de arriendo o allegamiento.
Las nuevas caras de la exclusión habitacional
Bowen explicó que el problema de la vivienda ha cambiado durante las últimas tres décadas.
Aunque el allegamiento por motivos económicos continúa siendo parte de la crisis, actualmente existen otras dificultades que amplían el número de hogares afectados. “Las nuevas caras de los problemas habitacionales son la informalidad y la inasequibilidad”.
La informalidad se expresa, entre otras situaciones, en los campamentos y en distintas formas de acceso a una vivienda fuera de los mecanismos formales. La inasequibilidad, en tanto, aparece cuando los precios de compra o arriendo superan las posibilidades económicas de los hogares. Esto significa que la crisis también puede afectar a familias que tienen ingresos y una vivienda donde vivir, pero que enfrentan dificultades para mantenerla o acceder a una solución estable.
En ese contexto, Bowen situó la demanda social por vivienda en un rango de entre 1,3 y 1,5 millones de hogares. La cifra busca representar una necesidad más amplia que la de quienes actualmente viven en campamentos.
El desafío de entregar 400 mil viviendas en cuatro años
La columna también abordó el avance del Plan de Emergencia Habitacional y la meta gubernamental de entregar 400 mil viviendas en cuatro años.
Según las cifras comentadas por Bowen, durante los primeros cuatro meses se habían entregado aproximadamente 14 mil viviendas. Ese resultado equivale a un promedio cercano a 3.500 entregas mensuales. Esto, frente a las más de 8.000 que serían necesarias para alcanzar una meta de 400 mil unidades en 48 meses.
Aunque las entregas no necesariamente mantienen un ritmo uniforme durante toda la ejecución de un plan, Bowen expresó preocupación por la cantidad de nuevos proyectos que están comenzando a construirse. “En materia de viviendas iniciadas [...] no se tiene claridad de cuál es el plan, no hay plan”.
La distinción es relevante porque las viviendas entregadas actualmente pueden corresponder a proyectos iniciados con anterioridad. Por eso, además de observar las cifras de entrega, Bowen puso el foco en la capacidad de mantener una cartera de nuevas obras que permita sostener la producción habitacional durante los próximos años.
Una propuesta para construir viviendas de arriendo con capital privado
Entre las alternativas planteadas para enfrentar la crisis, Bowen propuso avanzar hacia un modelo de concesiones de arriendo. La fórmula considera la participación de capital privado en la construcción y administración de proyectos habitacionales destinados al arriendo protegido.
El Estado, por su parte, canalizaría subsidios de arriendo hacia esa oferta y recibiría posteriormente la propiedad de los inmuebles. “Que existan concesiones de arriendo: levanta capital privado para construir y administrar, y canaliza el subsidio de arriendo en esa oferta. Al cabo de 20 o 25 años, como Estado te quedas con ese inmueble”.
La propuesta busca ampliar las alternativas para familias que necesitan una solución habitacional, pero que no necesariamente pueden acceder a la compra de una vivienda. También plantea una manera de incorporar recursos privados a la construcción de inmuebles que, después de un período de concesión, pasarían a formar parte del patrimonio estatal.
Construir viviendas también puede generar empleo
Bowen vinculó la inversión habitacional con otro de los desafíos que enfrenta Chile: la creación de puestos de trabajo.
Según explicó, la construcción de viviendas tiene efectos que van más allá de resolver una necesidad residencial. “Por cada millón de dólares que se invierte en materia de vivienda, se producen 35 empleos [...] es crecimiento inclusivo porque es crecimiento con empleo”.
Desde esa perspectiva, aumentar la construcción habitacional podría contribuir tanto a reducir el déficit como a dinamizar la actividad económica y generar oportunidades laborales.
Una vivienda es más que cuatro paredes y un techo
La columna también abordó una dimensión que suele quedar fuera de las cifras de construcción y entrega.
Para Bowen, resolver la crisis habitacional no consiste únicamente en proporcionar una estructura física donde vivir. “El tema no son cuatro paredes y un techo, sino que hay un barrio, hay una perspectiva de futuro detrás de la casa súper importante, hay un tema de identidad también”.
Esta mirada forma parte del enfoque de No es una casa, espacio que busca ampliar la conversación sobre la vivienda hacia la identidad, el entorno y la construcción de comunidad. La reflexión conecta con el diagnóstico inicial de Bowen: el problema habitacional no empieza cuando una familia llega a un campamento ni termina necesariamente cuando abandona uno.
También está presente en los arriendos que se vuelven imposibles de pagar, en los hogares que deben compartir una vivienda por falta de alternativas y en las dificultades para construir un proyecto de vida estable. Por eso, el desafío no se limita a reducir la cantidad de tomas visibles, sino a generar soluciones capaces de responder a las distintas situaciones que conforman el déficit habitacional en Chile.
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