Desear una relación y, al mismo tiempo, decidir que ya no vale la pena intentarlo. Esa contradicción estaría apareciendo entre algunos hombres que terminan alejándose de la búsqueda de pareja después de experimentar el proceso como una fuente constante de presión y desgaste.
La psicóloga especializada en relaciones de pareja Laura Moreno vincula este comportamiento con un concepto conocido como “indefensión aprendida”.
La especialista distingue esta situación de quienes simplemente prefieren estar solteros. “Una cosa es estar solo y otra muy distinta es renunciar al amor”, sostiene.
De buscar pareja a sentirse permanentemente evaluado
Según Moreno, parte del problema comenzaría antes de establecer una relación. Algunos hombres sentirían que deben demostrar constantemente determinadas características para ser considerados una pareja atractiva.
Esta percepción puede traducirse en una fuerte autoexigencia. “No merezco ser querido por quien soy, sino merezco ser querido por lo que soy capaz de demostrar”, ejemplifica la psicóloga sobre la creencia que puede instalarse bajo esta dinámica.
A ello se agregaría la dificultad para interpretar algunas expectativas durante la conquista. “Se les pide que tengan iniciativa pero sin incomodar a las mujeres, que tengan carácter pero sin imponerse a ellas, que sean seguros pero ojo que no parezcan arrogantes”, plantea Moreno.
Para la especialista, el desgaste no necesariamente aparece porque relacionarse sea difícil, sino porque las expectativas pueden percibirse como contradictorias. “Lo difícil lo puede soportar, lo confuso es lo que desgasta muchísimo más”, explica.
¿Qué tiene que ver la indefensión aprendida?
El concepto aparece cuando, después de experiencias reiteradas que una persona percibe como negativas o fuera de su control, termina asumiendo que intentarlo nuevamente tampoco modificará el resultado.
Aplicado a las relaciones, Moreno sostiene que algunos hombres pueden comenzar a interpretar la búsqueda de pareja como una exposición emocional demasiado elevada. Así, “la pareja deja de vivirse solo como posibilidad afectiva, empieza a vivirse como exposición y al final empieza a vivirse como un alto riesgo”.
La consecuencia puede ser abandonar por completo los intentos de conocer a alguien, incluso cuando todavía existe el deseo de establecer una relación. “No porque no quieran amar, sino porque sienten que el coste emocional de intentarlo es altísimo”, resume.
Moreno advierte que el problema puede ir más allá de las experiencias individuales si la desconfianza termina instalándose entre ambos sexos. Según plantea, el riesgo es que “hombres y mujeres dejan de verse como compañeros posibles y empiezan a verse más como problemas potenciales el uno al otro”.
