Este sábado 5 de septiembre, Chile dará paso al horario de verano.
Cuando el reloj marque las 23:59, habrá que adelantarlo una hora y pasar directamente a la 01:00 del domingo.
El ajuste permitirá contar con tardes más luminosas, pero también reducirá en una hora el descanso durante esa primera noche.
El cambio puede alterar temporalmente el ritmo circadiano, el sistema que regula los ciclos de sueño y vigilia.
"Nuestro organismo funciona con un reloj biológico que se sincroniza con señales como la luz y la oscuridad. Cuando modificamos bruscamente el horario, ese sistema necesita un tiempo para adaptarse. Por eso, durante los primeros días algunas personas pueden sentir más sueño, cansancio, irritabilidad o dificultades para concentrarse", explica el doctor Roberto Arias, director del Centro del Sueño de Clínica INDISA.
Cómo prepararse para el cambio de hora
Los niños, adultos mayores, personas con trastornos del sueño y trabajadores por turnos pueden experimentar mayores dificultades para adaptarse.
"La adaptación depende de cada persona y de sus hábitos previos. Quienes ya duermen poco o tienen horarios muy desordenados pueden sentir con mayor intensidad este cambio", señala Arias.
Para facilitar la transición, el especialista recomienda adelantar entre 15 y 20 minutos la hora de acostarse y levantarse durante los días previos.
También aconseja mantener horarios regulares durante el fin de semana, en lugar de intentar recuperar la hora perdida durmiendo hasta muy tarde.
La luz natural puede convertirse en una herramienta útil. Exponerse a ella durante la mañana ayuda a sincronizar el reloj biológico con el nuevo horario.
Asimismo, conviene moderar el consumo de cafeína y evitar las siestas prolongadas. Si resulta necesario descansar durante el día, lo ideal es hacerlo por poco tiempo y no demasiado tarde.
Durante la noche, Arias recomienda evitar comidas abundantes, alcohol y el uso prolongado de pantallas antes de dormir.
"El objetivo no es obsesionarse con el cambio de hora, sino darle al organismo las condiciones necesarias para que pueda adaptarse. Mantener horarios regulares, exponerse a la luz natural y cuidar el descanso son medidas simples que pueden hacer una gran diferencia", explica.
En la mayoría de los casos, las molestias desaparecen después de unos días.
Sin embargo, la somnolencia excesiva, el cansancio o las dificultades para dormir que persistan podrían requerir una evaluación médica.
"El cambio de hora puede hacer más evidente un problema de sueño que ya existía. Si una persona mantiene dificultades importantes para conciliar o mantener el sueño después de que el organismo debería haberse adaptado, conviene evaluar si existe alguna otra causa", concluye el especialista.
