La controversia que rodeó recientemente a la exvocera de Gobierno, Mara Sedini, volvió a instalar una discusión que trasciende los nombres propios: ¿puede un vocero cumplir adecuadamente su función si no participa en el espacio donde se toman las decisiones más importantes del Ejecutivo?
Para el exministro Francisco Vidal, la respuesta es no. Más que un problema comunicacional, considera que se trata de una falla en el diseño del funcionamiento del Gobierno.
Durante una entrevista en Concierto Valor, Vidal sostuvo que la fortaleza de una vocería depende de que quien ejerce ese cargo conozca de primera fuente las definiciones estratégicas del Presidente y participe en las conversaciones donde estas se adoptan.
Francisco Vidal
La vocería comienza antes de hablar
Vidal explicó que, aunque no está establecido por ley, existe una instancia que históricamente ha concentrado las decisiones más relevantes del Ejecutivo.
"El corazón del gobierno es algo que no está escrito en ninguna parte, que se llama Comité Político del Gobierno... integrado por el Presidente de la República, el ministro del Interior, el ministro de Hacienda, el ministro secretario general de la Presidencia y el vocero", señaló.
A su juicio, ese espacio no solo coordina la acción política del Ejecutivo, sino que permite que el vocero comprenda el contexto completo de las decisiones que posteriormente deberá explicar ante la ciudadanía.
Por eso, dijo haber quedado sorprendido cuando conoció la forma en que se estructuró la vocería durante el actual Gobierno.
"Cuando yo supe que Mara Sedini no estaba ahí, no podía entenderlo, porque es asignarle a la vocera que no está en el lugar donde se toman las decisiones fundamentales", afirmó.
Para Vidal, excluir al vocero de esa instancia significa debilitar su capacidad para transmitir con claridad las prioridades del Ejecutivo.
"Si ella no está ahí, pucha, es difícil comunicar bajando al Patio de los Naranjos", agregó.
Una herramienta para ordenar al Gobierno
El exministro sostuvo que la función de un vocero no consiste únicamente en enfrentar a la prensa.
Su principal tarea, explicó, es transmitir una línea política común que permita coordinar tanto al gabinete como a las bancadas oficialistas.
"En el sistema político chileno hiperpresidencialista, la garantía de la vocería es que le transmites al país la decisión del Presidente", afirmó.
Según Vidal, esa función tiene un efecto interno tan importante como el externo.
"Primero, ordenas a tu tropa... y segundo, ordenas a tus parlamentarios", sostuvo.
Desde esa perspectiva, la vocería deja de ser un rol exclusivamente comunicacional y pasa a convertirse en una pieza central del funcionamiento político del Gobierno.
Un debate que va más allá de un nombre
Aunque la conversación estuvo marcada por la controversia que involucró a Mara Sedini, Vidal insistió en que el problema no debe analizarse únicamente desde la actuación de una persona.
Su planteamiento apunta a una cuestión institucional: un vocero necesita participar en el proceso donde se construyen las decisiones para poder defenderlas y explicarlas con convicción.
En ese sentido, el episodio vuelve a abrir una discusión sobre la relación entre comunicación y conducción política.
Para Vidal, la eficacia de una vocería no depende únicamente de las habilidades comunicacionales de quien ocupa el cargo. Sino también, del acceso que tenga al espacio donde se define el rumbo del Gobierno.
Cuando esa conexión se rompe, concluyó implícitamente, el problema deja de ser comunicacional. Y peor aún, pasa a afectar la capacidad del Ejecutivo para transmitir una sola voz frente al país.
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