Chile enfrenta un acelerado proceso de envejecimiento que comienza a modificar las preferencias habitacionales.
Las viviendas para adultos mayores en Chile incorporan cada vez más criterios de accesibilidad, autonomía y cercanía a servicios.
Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), desde 2028 habrá más personas mayores de 65 años que menores de 15. Además, la esperanza de vida llegaría a 88,4 años hacia 2070.
Pisos bajos y accesibilidad ganan terreno
En este escenario, el mercado inmobiliario comienza a responder a nuevas necesidades. PROurbe Gestión Inmobiliaria detecta mayor interés por departamentos ubicados en los primeros tres pisos.
Además, los compradores consideran características que faciliten la movilidad cotidiana. Entre ellas aparecen accesos sin desniveles, puertas amplias, duchas en lugar de tinas y barras de apoyo.
Según Víctor Danús, gerente general de PROurbe, “hoy vemos mayor interés por departamentos en los primeros tres pisos”. El ejecutivo destaca también la incorporación de soluciones que favorecen la autonomía.
Asimismo, la planificación habitacional comienza antes de que aparezcan limitaciones físicas. “Muchas adaptaciones se realizan antes de que exista una necesidad física importante”, explica Danús.
Cercanía a servicios redefine la elección del barrio
Por otra parte, la ubicación adquiere un peso creciente en las decisiones de compra. Farmacias, centros médicos, supermercados, plazas y otros servicios forman parte de las nuevas prioridades residenciales.
De acuerdo con Danús, “el barrio también debe estar adaptado al envejecimiento”. El ejecutivo sostiene que caminar hasta una farmacia o supermercado puede ser tan relevante como las condiciones interiores.
En Santiago, Providencia registra 134,9 personas mayores de 65 años por cada 100 menores de 15, según el Censo 2024. Las Condes alcanza 128,3 y Ñuñoa llega a 114,9.
A su vez, estas comunas destacan por su accesibilidad urbana y conexión con servicios. El fenómeno también alcanza a hogares que buscan viviendas más pequeñas y próximas a redes familiares.
En ese contexto, el llamado síndrome del nido vacío impulsa nuevas decisiones inmobiliarias. Danús señala que existe “un creciente interés por viviendas más pequeñas, pero ubicadas cerca de las redes familiares y de apoyo”.
Así, el envejecimiento demográfico está incorporando nuevos criterios al mercado residencial. Accesibilidad, ubicación estratégica y servicios cercanos adquieren mayor relevancia para quienes proyectan su vivienda durante las próximas décadas.
