¿Qué lugar tendrán disciplinas como la filosofía, la historia o la pedagogía frente al avance de la inteligencia artificial?
La pregunta fue parte de la reflexión realizada por Aisén Etcheverry en el Panal de Ideas de Concierto Valor, donde cuestionó lo que considera una precarización de las humanidades y ciencias sociales frente al creciente protagonismo de las nuevas tecnologías.
La abogada y directora de asuntos públicos criticó una visión en que estas disciplinas quedarían relegadas a cumplir funciones al servicio de los algoritmos o desempeñarse en áreas alejadas de su formación.
Su análisis también apuntó a otra tendencia que observa con preocupación: la pérdida de espacios ocupados por mujeres, tanto en posiciones de liderazgo como en la discusión pública.
“Vamos a ser entrenadores de algoritmos”
Etcheverry puso el foco en el papel que se está proyectando para las personas en un escenario marcado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.
A su juicio, algunas aproximaciones terminan relegando el conocimiento producido desde las humanidades a una posición secundaria frente a la tecnología. “Pareciera ser que el rol que nos queda a los seres humanos [...] es que vamos a ser entrenadores de algoritmos de inteligencia artificial”, sostuvo.
La crítica se extendió específicamente a las perspectivas laborales planteadas para profesionales provenientes de determinadas disciplinas. “Incluso [...] filósofos, historiadores y profesores se deberían dedicar a ser vendedores o al servicio al cliente a propósito de la irrupción de la inteligencia artificial”, agregó.
Para Etcheverry, esta mirada plantea un problema respecto del valor que se está asignando a diferentes formas de conocimiento en medio de la transformación tecnológica.
La crítica a las declaraciones sobre las universidades
La panelista también cuestionó recientes declaraciones atribuidas a la ministra de Ciencia sobre las motivaciones de las instituciones universitarias. “La ministra de Ciencia dijo que las universidades se movían solo por intereses económicos”, señaló.
Etcheverry advirtió que afirmaciones de esas características pueden tener consecuencias sobre la valoración pública de la academia. “¿Qué daño le hace eso al último pilar de confianza que nos queda en nuestra sociedad desde donde podemos construir juntos?”, cuestionó.
Su planteamiento apunta a preservar el papel de las universidades como espacios desde los cuales generar conocimiento, incluso en disciplinas que no necesariamente presentan una aplicación económica o tecnológica inmediata.
La pérdida de espacios para las mujeres
La reflexión de la exministra también se extendió a la presencia femenina en puestos de liderazgo.
Etcheverry apuntó particularmente a recientes modificaciones dentro del gabinete y a quiénes ocuparon posteriormente esos cargos. “Llevamos ya no sé cuántos cambios de ministro, todas mujeres [...] tres ministras, todas reemplazadas por hombres”, afirmó.
Para la panelista, la situación entrega una señal que debería ser observada más allá de cada nombramiento individual. “¿Qué estamos diciendo respecto de la función que tienen esas mujeres y cómo los hombres pueden hacer muchas más cosas?”, planteó.
La preocupación no estaría restringida únicamente al Gobierno.
“Uno abre el diario, no hay ninguna mujer”
Etcheverry aseguró observar una tendencia similar en la visibilidad que reciben las mujeres en determinados espacios económicos y públicos. “Hoy día se repite cada fin de semana, uno abre el diario, no hay ninguna mujer en las portadas, no hay fotos”, sostuvo.
La crítica apunta a una pérdida de presencia femenina que también se manifestaría en espacios de liderazgo y exposición pública.
Para Etcheverry, la representatividad no constituye únicamente una discusión numérica. “La diversidad aporta, la diversidad hace que las cosas sean mejores. Cuando hay hombres y mujeres, el resultado es mejor”, afirmó.
Su reflexión conecta así dos fenómenos aparentemente distintos: qué conocimientos se consideran relevantes frente al avance tecnológico y quiénes mantienen espacios de influencia dentro de las instituciones.
En ambos casos, Etcheverry advirtió sobre el riesgo de retroceder hacia escenarios menos diversos: tanto al reducir el papel de las humanidades frente a la inteligencia artificial como al disminuir la presencia de mujeres en posiciones de liderazgo y visibilidad pública.
