Entrevistas

La próxima gran desigualdad podría no depender del ingreso, sino de quién sabe usar inteligencia artificial

Tomás Sánchez analizó los avances de la inteligencia artificial y advirtió que el principal desafío será aprovechar su potencial productivo sin profundizar las brechas entre quienes la utilizan y quienes quedan rezagados.

Inteligencia Artificial (9)
Getty Images

La inteligencia artificial ya está modificando la forma en que las personas trabajan, estudian y toman decisiones. Sin embargo, para Tomás Sánchez, socio de Valoriza y director de Politropía, el verdadero desafío no será únicamente desarrollar modelos cada vez más potentes, sino asegurar que sus beneficios no queden concentrados en una parte de la población.

Durante su participación en Concierto Valor, el especialista sostuvo que la IA tiene el potencial de transformar la economía a una velocidad inédita, pero advirtió que también puede abrir una nueva fuente de desigualdad si su adopción no se extiende de manera amplia.

Tomás Sánchez
Tomás Sánchez

Una revolución con un impacto sin precedentes

Sánchez afirmó que el efecto económico de la inteligencia artificial podría superar al de otras transformaciones tecnológicas conocidas.

"La inteligencia artificial tiene un poder transformador de la economía superior a lo que fue la revolución industrial, pero en muchísimos menos años", señaló.

A su juicio, esa velocidad obliga a anticipar cómo se distribuirán los beneficios de esta tecnología y qué capacidades necesitarán las personas para desenvolverse en un mercado laboral cada vez más automatizado.

Productividad sin excluir

El especialista planteó que el debate no debería centrarse únicamente en el posible reemplazo de empleos, sino en la capacidad de utilizar la IA para potenciar el trabajo humano.

"¿Cómo hacemos que la inteligencia artificial aumente nuestra productividad y no genere más desempleo?", planteó.

En ese contexto, sostuvo que las políticas públicas, la formación y la adopción tecnológica serán determinantes para que el impacto económico sea inclusivo.

La brecha que podría marcar el futuro

Sánchez advirtió que la desigualdad asociada a la inteligencia artificial no necesariamente estará dada por el acceso a la tecnología. De hecho, sería por la diferencia entre quienes logren incorporarla a su trabajo y quienes no.

"La desigualdad se va a generar en la medida de que hayan ciertos espacios o nichos de la población que la usen todo el tiempo y otros que no, porque por lo tanto se van a generar dos capas", explicó.

A su juicio, esta brecha puede traducirse en diferencias significativas de productividad, ingresos y oportunidades laborales.

Regular sin frenar la innovación

Otro de los temas abordados fue el avance de la regulación de la inteligencia artificial en Europa.

Sánchez explicó que el objetivo es clasificar los usos de la IA según su nivel de riesgo, más que regular la tecnología en sí.

"Queremos regular no la inteligencia artificial en sí, sino queremos regular el riesgo de sus usos", indicó.

No obstante, también advirtió que una regulación demasiado temprana o restrictiva podría dificultar el desarrollo de nuevos emprendimientos tecnológicos.

"Estamos matando la inteligencia artificial antes de que haya nacido... estamos matando a los startups", comentó, aludiendo a una postura compartida por el presidente francés Emmanuel Macron.

Capacidades que sorprenden incluso a sus creadores

Sánchez también se refirió a investigaciones recientes sobre modelos de lenguaje desarrollados por Anthropic. En estem se han observado comportamientos que no fueron programados de manera explícita.

"Este espacio de trabajo no fue algo programado por los programadores... sino que de alguna manera fue una propiedad emergente del modelo", explicó.

Estos hallazgos, agregó, muestran que la evolución de la inteligencia artificial continúa abriendo preguntas sobre su funcionamiento y sobre la mejor forma de aprovechar sus capacidades.


Contenido patrocinado

Compartir