Con la llegada del invierno, la miel vuelve a ocupar un lugar importante en muchos hogares. Ya sea para endulzar una infusión, aliviar molestias de garganta o preparar postres, su consumo aumenta durante los meses más fríos.
Sin embargo, no todas las mieles ofrecen la misma calidad. Expertas en nutrición explican que existen diferencias importantes entre una miel cruda y una industrial, además de entregar algunas recomendaciones para identificar un producto realmente natural antes de comprarlo.
¿Cómo saber si una miel es real y de buena calidad?
Según Trinidad Völker, nutricionista y fundadora de La Fermentista, el primer aspecto que debe revisarse es la etiqueta. "El único ingrediente declarado debiera ser miel", explica la especialista, quien añade que una lista con aditivos o ingredientes adicionales puede ser una señal de un producto más procesado.
La textura también entrega información relevante. Una miel pura suele presentar una consistencia espesa y viscosa, aunque esta puede variar según el tipo de flor del que proviene y la temperatura ambiente.
Otro aspecto importante es la cristalización. "La cristalización es un proceso completamente natural y una característica habitual de muchas mieles crudas. De hecho, suele ser una buena señal de que la miel ha sido mínimamente procesada", señala Völker.
Por el contrario, si una miel permanece completamente líquida durante largos períodos, especialmente durante el invierno o en ambientes fríos, podría haber sido sometida a calentamiento o filtrados más intensos.
En cuanto al color, la nutricionista aclara que no es un indicador confiable por sí solo, ya que puede variar desde tonos muy claros hasta otros más oscuros dependiendo del origen floral.
Miel cruda versus miel industrial
La especialista explica que existen dos grandes categorías.
La miel cruda corresponde a un alimento mínimamente procesado, por lo que conserva naturalmente muchos de sus compuestos originales.
En cambio, la miel industrial suele pasar por procesos de calentamiento y refinado que modifican parte de sus características.
¿Cuánta miel se recomienda consumir al día?
Pamela Barriento, nutricionista y fundadora de la clínica Nutrición Cuerpo y Alma (NCA), recomienda consumir como máximo una o dos cucharaditas de té al día. "Desde el punto de vista nutricional, la miel, aun cuando tenga muchas propiedades benéficas para la salud, sigue siendo un azúcar, por lo que su consumo debe ser restringido", advierte.
La especialista recuerda que la Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres representen menos del 5% de las necesidades energéticas diarias.
Respecto a reemplazar el azúcar refinada por miel, sostiene que el beneficio existe, pero es limitado. "Sí, pero el beneficio suele ser modesto; soy enfática y tajante al decir que no necesitamos el consumo de azúcar refinada y tampoco reemplazarlo", afirma.
¿Quiénes deben moderar o evitar su consumo?
Las especialistas señalan que existen algunos grupos que deben tener especial cuidado con la miel:
- Bebés menores de un año, por el riesgo de botulismo infantil.
- Personas con diabetes, ya que debe contabilizarse como cualquier otro azúcar.
- Personas con obesidad, resistencia a la insulina o hígado graso, debido a su contenido de azúcares libres.
- Personas alérgicas al polen o a productos derivados de las abejas, que podrían presentar reacciones adversas.
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