La salud mental de los estudiantes universitarios enfrenta un escenario cada vez más complejo. Una investigación desarrollada por la Universidad Bernardo O’Higgins encendió las alarmas al detectar niveles particularmente elevados de malestar psicológico entre jóvenes que solicitaron atención especializada.
El estudio, realizado entre 2024 y 2025 con 760 estudiantes atendidos en el Centro de Atención Psicológica de la institución, identificó que la ansiedad se ha transformado en la problemática más frecuente y severa dentro de la muestra analizada.
Los resultados muestran una situación preocupante que, según los investigadores, podría reflejar cambios profundos en la forma en que las nuevas generaciones enfrentan las exigencias académicas, sociales y personales.
La ansiedad aparece como el principal problema detectado
De acuerdo con los datos obtenidos, el 73,1% de los participantes presentó niveles severos o extremadamente severos de ansiedad. La investigación también reveló que el 64,9% manifestó síntomas severos de depresión, mientras que el 63,7% registró altos niveles de estrés.
Sin embargo, uno de los hallazgos que más llamó la atención de los especialistas fue que factores tradicionalmente considerados protectores, como la resiliencia o el bienestar psicológico, mostraron una capacidad limitada para disminuir la ansiedad.
Estos recursos personales ayudaban parcialmente a reducir síntomas depresivos. Sin embargo, no lograban generar un impacto significativo frente a los cuadros ansiosos observados en los estudiantes consultantes.
Un fenómeno que podría estar transformándose en una constante
Para el Grupo de Estudio en Bienestar de la Escuela de Psicología de la UBO, los resultados sugieren que la ansiedad podría estar adquiriendo características distintas a las observadas en generaciones anteriores.
Los investigadores plantean que la hiperconectividad, la presión por la inmediatez, la baja tolerancia a la frustración y las crecientes exigencias académicas y sociales podrían estar contribuyendo a la expansión de este fenómeno.
En esa línea, la directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O’Higgins, Viviana Tartakowsky, sostiene que actualmente existen múltiples factores que ayudan a explicar este escenario.
Según la especialista, elementos como el uso intensivo de redes sociales, la sensación de soledad, la incertidumbre y determinados estilos de crianza forman parte de un contexto que favorece la aparición de altos niveles de ansiedad entre los jóvenes.
Mujeres y jóvenes menores presentan mayores niveles de malestar
El estudio también identificó diferencias relevantes según género y edad.
Las mujeres registraron niveles más elevados de ansiedad y estrés en comparación con los hombres. Por otro lado, los estudiantes mayores de 30 años mostraron mayores niveles de resiliencia y bienestar psicológico, además de menores indicadores de ansiedad.
Estos resultados refuerzan la idea de que la experiencia vital y ciertas herramientas adquiridas con el tiempo podrían actuar como factores de protección frente al malestar emocional.
Universidades enfrentan un desafío cada vez más complejo
La investigación advierte que gran parte de los estudiantes está recurriendo a los servicios psicológicos universitarios. Esto, debido a las dificultades de acceso existentes en el sistema público de salud mental.
Para los especialistas, esto ha llevado a que muchas instituciones de educación superior asuman responsabilidades que exceden sus funciones tradicionales. Por ello, los autores sostienen que el problema no puede abordarse únicamente desde una perspectiva individual.
La directora de la Escuela de Psicología de la UBO plantea que resulta urgente avanzar en políticas públicas. Específicamente, deberían orientarse a fortalecer la convivencia universitaria, promover el bienestar emocional y garantizar una atención adecuada para los casos de mayor gravedad. Asimismo, enfatiza la necesidad de implementar estrategias preventivas, programas de acompañamiento temprano y acciones que fortalezcan el sentido de comunidad dentro de los campus.
A juicio de los investigadores, la salud mental universitaria se ha transformado en un fenómeno estrechamente vinculado a cambios sociales y culturales más amplios. Un cambio que obliga a desarrollar respuestas integrales que vayan más allá de la atención clínica individual.
