Más de cinco mil años después de su muerte, la famosa momia de Ötzi vuelve a sorprender a la comunidad científica. Un reciente estudio logró recuperar microorganismos viables presentes en su cuerpo, permitiendo incluso elaborar pan a partir de antiguas levaduras conservadas durante milenios bajo el hielo de los Alpes.
El hallazgo, publicado en la revista científica Microbiome, no solo demuestra la extraordinaria capacidad de supervivencia de ciertos microorganismos, sino que también ofrece una oportunidad única para comprender cómo han evolucionado las comunidades microbianas asociadas al ser humano a lo largo de la historia.
Mucho más que un pan elaborado con levaduras antiguas
La investigación identificó distintas especies de levaduras capaces de sobrevivir en condiciones extremas dentro del ecosistema microbiano presente en la momia.
Tras meses de trabajo, los científicos consiguieron cultivarlas y desarrollar una masa madre funcional. Incluso, algunos investigadores ya exploran posibles aplicaciones futuras en la producción de cerveza.
Sin embargo, para el investigador del Instituto Milenio de Biología Integrativa (IBio), Felipe Muñoz-Guzmán, el verdadero valor del descubrimiento va mucho más allá de la elaboración de alimentos. “Encontrar ADN microbiano antiguo ya es científicamente relevante, pero recuperar microorganismos viables es mucho más excepcional”, explica el especialista.
Una ventana única al microbioma del pasado
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que logró distinguir diferentes capas de microorganismos presentes en la momia.
Por una parte, se identificaron bacterias y levaduras asociadas al propio Ötzi cuando estaba vivo. También aparecieron microorganismos provenientes del entorno glaciar donde permaneció congelado durante más de cinco milenios y otros incorporados posteriormente durante décadas de conservación en museo. “Eso permite reconstruir distintas capas temporales dentro de una misma comunidad microbiana y entender cómo estos ecosistemas cambian a lo largo del tiempo”, señala Muñoz-Guzmán.
Esta característica convierte a la momia en un caso excepcional para la investigación científica. Esto, ya que permite observar cómo distintas comunidades microbianas pueden coexistir y transformarse durante miles de años.
Cómo ha cambiado el microbioma humano
El estudio también entrega nuevas pistas sobre la evolución de los microorganismos que habitan el cuerpo humano.
Los investigadores identificaron bacterias asociadas a una alimentación rica en fibra, cereales integrales y carbohidratos complejos. Un hallazgo coherente, cabe destacar, con lo que se sabe sobre la dieta del denominado “hombre de los hielos”.
Según los especialistas, estos resultados refuerzan la idea de que la composición de la microbiota humana ha estado profundamente influenciada por los cambios culturales y alimentarios. “La agricultura, la fermentación de alimentos, la industrialización, el uso de antibióticos y la urbanización han transformado profundamente las comunidades microbianas que viven en nuestro organismo”, afirma Muñoz-Guzmán.
Nuevas preguntas para la medicina y la biología
Aunque el descubrimiento abre interesantes posibilidades de investigación, los expertos advierten que no significa que los microorganismos antiguos sean necesariamente más beneficiosos para la salud actual.
Su principal aporte radica en permitir una mejor comprensión de cómo han evolucionado ciertas funciones microbianas. Y no solo esto, cómo los cambios en la alimentación, el entorno y el estilo de vida han modificado nuestra relación con estos organismos.
Más allá de la curiosidad que genera un pan elaborado con levaduras de hace más de 5.300 años, el caso de Ötzi vuelve a demostrar que la historia humana también puede reconstruirse a través de los microorganismos que han acompañado a nuestra especie desde tiempos prehistóricos.
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