Cuando se habla de longevidad, la conversación suele centrarse en la genética, la alimentación o la actividad física. Sin embargo, cada vez más investigaciones apuntan a que uno de los factores más determinantes podría estar mucho más cerca de nuestras relaciones personales que de nuestro ADN.
Ese fue uno de los temas abordados por Gloria Maldonado, directora de ForoInnovación, quien reflexionó sobre los elementos que comparten las personas que logran superar el siglo de vida.
Más allá de la genética
Según explicó, la herencia genética tiene una influencia importante, pero mucho menor de lo que habitualmente se cree.
“La genética explica solo el 25% de nuestra longevidad”, señaló.
El porcentaje restante estaría vinculado principalmente a decisiones cotidianas, hábitos y, especialmente, a la calidad de las relaciones humanas que desarrollamos a lo largo de la vida.
El patrón que comparten los centenarios
Maldonado destacó que quienes alcanzan edades excepcionalmente avanzadas suelen presentar características similares, independientemente del país o la cultura donde viven.
“Los centenarios del mundo comparten un gran patrón: vínculos sociales fuertes, sentido de comunidad y propósito”, afirmó.
Más que una dieta específica o una rutina física determinada, el elemento común parece ser la existencia de redes de apoyo, pertenencia y relaciones significativas.
La soledad también afecta al cuerpo
Uno de los aspectos más llamativos de la conversación fue el impacto biológico que puede tener el aislamiento social.
“La soledad no es solo una sensación”, explicó.
Según indicó, diversos estudios muestran que el aislamiento prolongado puede generar modificaciones en procesos biológicos relacionados con la regulación genética y el funcionamiento general del organismo.
Vivir más no es solo una cuestión médica
La reflexión apunta a ampliar la forma en que se entiende el envejecimiento saludable.
Si bien la medicina, la tecnología y los avances científicos han permitido aumentar la esperanza de vida, la evidencia sugiere que factores sociales y emocionales continúan desempeñando un papel decisivo.
El valor de las relaciones humanas
Para Maldonado, una de las conclusiones más relevantes es que muchas de las conductas asociadas a una vida larga y saludable no dependen de tecnologías complejas ni de tratamientos sofisticados.
“Los centenarios no optimizaron su biología, construyeron vida con movimiento y con vínculos sociales”, sostuvo.
La frase resume una idea que cada vez gana más fuerza entre investigadores y especialistas: la calidad de nuestras relaciones podría ser tan importante para la salud como muchos de los hábitos tradicionalmente asociados al bienestar.
Un desafío para una sociedad más conectada, pero más sola
En tiempos donde la tecnología facilita la comunicación permanente, también han aumentado las alertas sobre la soledad y el aislamiento.
Por eso, la discusión sobre longevidad no parece limitarse a cómo vivir más años. De hecho, también a cómo construir entornos, comunidades y relaciones que permitan vivirlos mejor.
