Durante décadas, el desarrollo de los países estuvo marcado por el acceso al petróleo y los combustibles fósiles. Sin embargo, la acelerada transición energética está abriendo una nueva discusión: ¿qué naciones liderarán la economía del futuro?
Ese fue uno de los temas abordados en Concierto Valor, donde Aisén Etcheverry, exministra de Ciencia, y Marcelo Trivelli, presidente de Fundación Semilla, plantearon que Chile enfrenta una decisión estratégica que podría definir su desarrollo durante las próximas décadas.

Un cambio de paradigma
Para Etcheverry, el debate ya no consiste únicamente en aumentar la generación de energías renovables.
La verdadera pregunta, sostuvo, es cuál será la identidad energética que el país quiere construir.
“La definición que necesitamos es si Chile hacia adelante quiere ser un electroestado o continuar siendo un petroestado”, afirmó.
La propuesta busca instalar la electricidad como eje central de la estrategia económica, industrial y productiva del país.
Mucho más que producir energía
La exministra explicó que convertirse en un electroestado implica integrar la electrificación en todas las áreas de la economía.
“Nuestro potencial es ser un electroestado”, señaló.
Eso supone avanzar no solo en generación eléctrica, sino también en transporte, industria, infraestructura y desarrollo tecnológico vinculados a una matriz energética limpia.
El almacenamiento cambia las reglas
Parte de esta discusión surge por los avances que ha registrado Chile en sistemas de almacenamiento mediante baterías.
Estas tecnologías permiten conservar parte de la energía renovable que anteriormente se perdía cuando la producción superaba la demanda, aumentando la eficiencia del sistema eléctrico y fortaleciendo la seguridad energética.
Una oportunidad geopolítica
Marcelo Trivelli sostuvo que esta transformación podría modificar la posición internacional de Chile.
“La señal que tiene que dar el Estado es que tenemos que definirnos como un electroestado”, afirmó.
A su juicio, una estrategia de largo plazo permitiría que el país adquiera una relevancia comparable a la que históricamente tuvieron las naciones productoras de petróleo.

El rol del Estado
Ambos especialistas coincidieron en que este tipo de transformación requiere una visión estratégica que trascienda las decisiones del mercado.
“Tener que definirnos como un electroestado... eso no lo va a resolver el mercado”, sostuvo Trivelli.
Según explicó, corresponde al Estado establecer una dirección clara que permita coordinar inversiones, infraestructura y políticas públicas para consolidar esa transición.
Una discusión sobre el futuro
Más allá de la energía, el concepto de electroestado plantea una pregunta sobre el modelo de desarrollo que Chile quiere construir.
En un escenario donde la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad para producir, almacenar y utilizar electricidad de manera eficiente, la discusión deja de ser exclusivamente energética y pasa a convertirse en una definición estratégica para el país.
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