La inteligencia artificial está transformando la forma en que trabajamos, nos comunicamos y tomamos decisiones. Pero también está abriendo nuevas oportunidades para el fraude y la suplantación de identidad.
Ese fue uno de los temas abordados en el Panal de Ideas de Concierto Valor, donde distintos expertos analizaron el impacto de los llamados deep fakes en el mundo corporativo.
Cuando una videollamada deja de ser evidencia
En ese contexto, Gloria Maldonado advirtió que las herramientas actuales permiten replicar con gran precisión rostros, voces y gestos de una persona.
La sofisticación alcanzada por estos sistemas ha cambiado por completo las formas tradicionales de verificar identidades.
“Estamos en una era donde una videollamada deja de ser una prueba de identidad”, afirmó.
Un problema que llegó a las empresas
Por otra parte, la ejecutiva sostuvo que las organizaciones ya enfrentan riesgos concretos asociados a este tipo de tecnología.
Las estafas pueden simular instrucciones de altos ejecutivos, solicitudes de transferencias o autorizaciones aparentemente legítimas.
La amenaza deja de ser exclusivamente tecnológica y pasa a convertirse en un desafío estratégico para las compañías.
El rol de los directorios
Asimismo, Maldonado enfatizó que la ciberseguridad ya no puede quedar restringida a áreas técnicas.
Las decisiones relacionadas con prevención, protocolos y gestión de riesgos deben involucrar directamente a los máximos niveles de liderazgo.
“El directorio no puede alegar ignorancia”, señaló durante el debate.
El costo de confiar y desconfiar
En paralelo, Camilo Herrera planteó que el fenómeno obliga a replantear la manera en que se construyen relaciones dentro de las organizaciones.
Por una parte, la desconfianza excesiva genera burocracia, controles y procesos cada vez más complejos.
Por otra, la confianza absoluta también puede abrir espacios para abusos y engaños.
Recuperar el factor humano
Además, los panelistas coincidieron en que la principal defensa frente a estas amenazas sigue estando en las personas.
La coordinación directa, los vínculos de confianza y la comunicación cercana aparecen como elementos difíciles de replicar mediante algoritmos.
“La solución es la conexión humana”, sostuvo Maldonado.
En este escenario, el avance de los deep fakes está obligando a empresas e instituciones a revisar sus mecanismos de seguridad y confianza, en momentos donde incluso una llamada, una voz conocida o una videoconferencia pueden dejar de ser pruebas suficientes de identidad.
