La inteligencia artificial suele presentarse como una herramienta capaz de aumentar la productividad, acelerar procesos y transformar industrias completas. Sin embargo, detrás de ese avance tecnológico también emergen preguntas sobre poder, democracia y responsabilidad.
A propósito de la reciente encíclica del Papa sobre la IA, Tomás Sánchez, socio de Valoriza y director de Politropía, participó de una nueva edición de Concierto Valor.
Tomás Sánchez
Una tecnología con intereses detrás
En ese contexto, Sánchez cuestionó la idea de que las nuevas herramientas digitales operan de forma completamente objetiva.
Según explicó, todo sistema es desarrollado, financiado y regulado por personas e instituciones concretas. “La tecnología no es neutral y por lo tanto los algoritmos o los grandes motores de inteligencia artificial tienen la cara de quién las financia, quién las regula, quién les da forma”, afirmó.
El riesgo del tecnooptimismo
Por otra parte, el analista alertó sobre una visión excesivamente optimista respecto al impacto de la innovación tecnológica.
La creencia de que cualquier avance técnico representa automáticamente progreso social puede impedir una discusión más profunda sobre sus consecuencias.
El debate, sostuvo, debe incluir efectos económicos, culturales y políticos.
Un poder que ya no está en los Estados
Asimismo, Sánchez destacó una diferencia fundamental respecto a revoluciones tecnológicas anteriores.
Mientras desarrollos como la energía nuclear o los primeros programas espaciales estuvieron liderados principalmente por gobiernos, hoy gran parte de la innovación se concentra en grandes corporaciones privadas.
Ese fenómeno modifica la forma en que se distribuye la influencia global.
Democracia y verdad compartida
En paralelo, la conversación abordó el impacto de estas tecnologías en la convivencia democrática.
El especialista planteó que las sociedades requieren ciertos consensos básicos para sostener debates públicos saludables.
“Es difícil tener una democracia funcional sin una verdad compartida”, señaló durante el análisis.
La oportunidad para Chile
Además, Sánchez identificó una posibilidad concreta para el desarrollo económico del país.
La incorporación masiva de herramientas digitales podría mejorar significativamente la productividad de trabajadores y organizaciones.
No obstante, advirtió que el proceso también puede generar desplazamientos laborales y nuevas desigualdades si no existe preparación adecuada.
En este escenario, la discusión sobre inteligencia artificial ya no se limita a capacidades tecnológicas o innovación empresarial. El verdadero desafío pasa por definir quién controla estas herramientas, bajo qué criterios operan y cómo sus beneficios pueden convivir con principios democráticos, laborales y humanos.
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