Efemerides

"Let's Dance": 43 años del giro pop de David Bowie

El 14 de abril de 1983, David Bowie lanzó "Let's Dance", su álbum más vendido y el que lo llevó al número uno en Reino Unido y Estados Unidos con un sonido bailable producido por Nile Rodgers.

David Bowie Lets Dance

El 14 de abril de 1983, David Bowie sorprendió con Let's Dance, su decimoquinto disco de estudio.

Tras la etapa experimental de los años 70 y el elogiado Scary Monsters (and Super Creeps), el artista apostó por un sonido directo, bailable y pensado para conquistar nuevas audiencias.

Para lograrlo, eligió como productor a Nile Rodgers, líder de Chic.

La decisión dejó fuera a Tony Visconti y marcó un cambio estratégico. Rodgers recordó el primer encuentro: "Nile, cariño, así es como quiero que suene mi álbum", le dijo Bowie mientras le mostraba una foto de Little Richard en un Cadillac rojo.

El resultado fue inmediato. El disco alcanzó el número uno en Reino Unido, Estados Unidos y varios otros países, y superó los 10 millones de copias vendidas, convirtiéndose en el álbum más exitoso de su carrera.

Bowie defendió la propuesta con claridad: "Let's Dance no fue la corriente principal. Fue prácticamente un nuevo tipo de híbrido, usando la guitarra de blues-rock en un formato de baile. No había nada más que realmente sonara así en ese momento".

El álbum incluyó tres de sus mayores éxitos: Let's Dance, China Girl, coescrita con Iggy Pop, y Modern Love.

También sumó una nueva versión de Cat People (Putting Out Fire).

Let's Dance: producción veloz y guitarras decisivas

Bowie grabó el disco en apenas 17 días y no tocó instrumentos. "No toqué ni una maldita cosa. Este era el álbum de un cantante", afirmó años después.

La guitarra principal quedó en manos de un joven Stevie Ray Vaughan, a quien Bowie descubrió en el Festival de Jazz de Montreux en 1982.

El cantante confesó su entusiasmo: "Probablemente no había estado tan entusiasmado con un guitarrista desde que vi a Jeff Beck con The Tridents".

La crítica reaccionó de forma dividida. Rolling Stone lo definió como "la conclusión de, posiblemente, la mejor carrera de 14 años en la historia del rock", mientras que otros lo calificaron como "superficialmente profesional".

En 1984, el álbum recibió una nominación al Grammy como Álbum del Año, aunque perdió frente a Thriller de Michael Jackson.

Con el tiempo, Bowie reconoció el costo artístico del éxito: "Después de unos años sentí que me había estancado".

Incluso llamó a esa etapa sus "años de Phil Collins", en referencia a una orientación más comercial.


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