El 30 de mayo de 2005, Oasis publicó Don't Believe the Truth, un álbum que marcó un punto de inflexión para la banda liderada por los hermanos Gallagher.
Después de varios años de resultados irregulares y retrasos en la grabación, el grupo británico regresó a la primera línea del rock con un disco que muchos consideraron su mejor trabajo desde Definitely Maybe y (What's the Story) Morning Glory?.
El álbum debutó en el número uno de las listas del Reino Unido y también logró un sólido desempeño en Estados Unidos, donde alcanzó el puesto 12 del Billboard 200, la posición más alta para Oasis en ese mercado desde Be Here Now en 1997.
El primer single, Lyla, se convirtió rápidamente en un éxito y llegó al primer lugar de los rankings británicos.
La canción ayudó a instalar nuevamente el nombre de Oasis en las radios y canales musicales de todo el mundo.
Un disco que renovó la química de Oasis
Don't Believe the Truth destacó por una característica poco habitual en la historia de la banda: todos sus integrantes participaron en la composición de canciones.
Noel Gallagher siguió siendo la principal fuerza creativa, pero Liam Gallagher, Gem Archer y Andy Bell también aportaron material al repertorio.
El álbum además marcó la llegada del baterista Zak Starkey, hijo de Ringo Starr, quien aportó una nueva energía a la formación durante las sesiones de grabación y la posterior gira mundial.
Canciones como The Importance of Being Idle, Let There Be Love y Lyla consolidaron un trabajo que conectó tanto con los seguidores históricos del grupo como con una nueva generación de oyentes.
El éxito comercial fue contundente. Con el paso de los años, Don't Believe the Truth superó los 14 millones de copias vendidas en todo el mundo, convirtiéndose en el álbum más exitoso de Oasis desde Be Here Now.
La banda acompañó el lanzamiento con la masiva Don't Believe the Truth Tour, una gira que recorrió 26 países y reunió a más de 3,2 millones de espectadores en 113 conciertos.
El recorrido quedó registrado posteriormente en el documental Lord Don't Slow Me Down.
Tres años después de su publicación, una encuesta realizada por Q Magazine y HMV incluyó a Don't Believe the Truth entre los mejores álbumes británicos de los últimos 50 años.
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