El dolor sexual femenino sigue siendo una realidad poco visibilizada en Chile y en otros países. Muchas mujeres conviven durante años con molestias persistentes durante la intimidad. En varios casos, el problema se normaliza dentro de la pareja y también en la consulta médica.
La condición recibe el nombre clínico de dispareunia. Se trata de dolor antes, durante o después de la penetración. Aunque puede afectar a mujeres de distintas edades, todavía existe desinformación sobre sus causas reales y sobre las alternativas de tratamiento disponibles.
Un problema más frecuente de lo que parece
Además, distintos estudios indican que entre un 20% y un 40% de las mujeres podría experimentar dolor en las relaciones sexuales en algún momento. Sin embargo, una parte importante nunca consulta por vergüenza o por miedo a no ser comprendida.
Asimismo, muchas pacientes describen sensaciones intensas. Algunas hablan de ardor. Otras mencionan pinchazos o presión profunda. “Muchas pacientes llegan después de años de dolor”, explica Carolina Silva, kinesióloga pélvica especializada en sexualidad funcional.
También existe un problema en el abordaje clínico inicial. “Les orientan a alcoholizarse antes de la actividad sexual”, advierte la especialista. Esa recomendación, según Silva, refleja la falta de comprensión sobre el origen del dolor íntimo en mujeres.
El rol del piso pélvico en la sexualidad
Por otra parte, uno de los factores menos evaluados es el estado del piso pélvico. Cuando esa musculatura permanece tensa, puede generar dolor durante la penetración y limitar la respuesta sexual normal del cuerpo.
De igual manera, muchas mujeres visitan varios profesionales antes de recibir un diagnóstico correcto. “Van de especialista en especialista sin respuestas reales”, señala Silva. Esa demora prolonga la angustia y deteriora la calidad de vida.
Mientras tanto, la kinesiología pélvica ha mostrado resultados relevantes. El tratamiento incluye liberación miofascial, ejercicios específicos y educación corporal. “Las pacientes descubren músculos que no sabían que existían”, comenta la profesional.
Un tratamiento que cambia la experiencia íntima
Además, el trabajo terapéutico busca reducir la hipersensibilidad. Para eso se utilizan dilatadores vaginales y técnicas de control muscular. El objetivo es recuperar una relación sin miedo con la zona genital.
Luego, el tratamiento incorpora coordinación y relajación muscular. “Dejan de sentir rechazo hacia su propio cuerpo”, afirma Silva. Esa recuperación puede modificar profundamente la experiencia sexual.
Hoy, especialistas insisten en un mensaje claro. El tratamiento del dolor sexual existe. Reconocer el problema a tiempo puede evitar años de sufrimiento silencioso y mejorar de forma concreta la vida íntima de muchas mujeres.
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