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¿Por qué escuchamos música triste?

Un equipo psicólogos especializados han llamado al fenómeno de escuchar música triste, la "paradoja de la tristeza placentera".

Paula Domínguez |

Música Triste

Música Triste

Muchas veces, cuando nos sentimos tristes no encontramos nada mejor que escuchar música triste. Como si el estado de ánimo y la música fueran dos factores de naturaleza negativos en una multiplicación, los científicos llaman a este fenómeno la "paradoja de la tristeza placentera".

Aunque los últimos lanzamientos de la música pop se han caracterizado por un optimismo en sus ritmos y letras, hay algo satisfactorio al escuchar una canción triste. Dejar que sentimientos como la melancolía invadan nuestro ser por tres o cuatro minutos.

La paradoja de la tristeza placentera

Según los psicólogos Jonna Vuoskoski, William Thompson, Doris McIlwain y Tuomas Eerola, este fenómeno engendra una pregunta fundamental: ¿por qué la gente disfruta escuchar música triste?

Innumerables estudios científicos han observado durante las últimas décadas el poderoso impacto que tiene la música sobre el cuerpo y cerebro de las personas. Sin embargo, estos estudios remontan a los antiguos griegos, quienes utilizaban la música para tratar enfermedades e influir en el temperamento de las personas.

En 1958, la doctora Agnes Savill dijo que "la música que produce estados de ánimo como la depresión, desconcierto e incluso miedo; puede ser estudiada con seguridad por músicos y críticos que la abordan desde un punto de vista intelectual. Pero debe ser evitada por oyentes tensos y ansiosos". 

Parece de perogrullo que quienes escuchen música triste podrían sentirse aún peor si lo hacen en un mal momento. Sin embargo, hay para quienes puede ser sencillamente adictivo.

Vuoskoski dijo que, aunque las personas suelen evitar las experiencias emocionales negativas, muchas veces disfrutan de la tristeza, más aún si esta está representada en la música u otras artes. A eso, los científicos del estudio le llamaron la "paradoja de la tristeza placentera". Esta es una interrogante que ha desconcertado a los estudiosos de la música durante décadas.

Las investigaciones

Los estudios en esta materia han adoptado muchos enfoques. Entre ellos, uno de los más simples ha sido preguntarle a la gente cómo se sienten al escuchar distintos tipos de música.

En su estudio de 2012, Vuoskoski y sus colegas pidieron a los participantes que calificaran sus respuestas emocionales a dieciséis piezas musicales. Lo curioso fue que, además de despertar sentimientos de tristeza, la música melancólica desató "una gama de emociones estéticas más positivas". La nostalgia, la tranquilidad y el asombro fueron algunas de ellas.

El mecanismo de contagio

Aquí un dato importante sobre las emociones: no son solo psicológicas. A través de distintos estudios, se ha comprobado empíricamente que la música puede desencadenar reacciones fisiológicas medibles.

En 2015, los psicólogos Patrick N. Juslin, Gonçalo Barradas y Tuomas Eerola midieron los niveles de "conductividad" de la piel y las expresiones faciales de personas al escuchar una selección de melodías. El equipo propuso una razón evolutiva para este fenómeno: el "mecanismo de contagio".

El "mecanismo de contagio" es una respuesta empatía. La parte evolutiva en esto es el color del sonido: los violines y los chelos suenan especialmente tristes y especialmente similares a la voz humana. 

Por supuesto, aunque existan innumerables estudios que busquen cuantificar y hacer empíricas las emociones y la música, ambas son increíblemente subjetivas. Los psicólogos Emery Schubert y Sandra Garrido, quienes también han estudiado el impacto de la música en las emociones, afirman que "esta paradoja es compleja y parece no tener una respuesta única”. Según Garrido y Schubert la apreciación y disfrute de la música no es separable de las experiencias individuales. No se puede reducir el estudio a una combinación de rasgos emocionales y evolutivos como disociación, absorción, propensión a la fantasía, empatía y cavilación.

Schubert concluyó entonces que, en algunos individuos, las emociones negativas en el contexto de una "experiencia estética" —como escuchar música— puede desencadenar una respuesta disociativa que inhibe la sensación de disgusto en el cerebro. Por lo tanto, las personas con una fuerte tendencia a disociarse —de forma no patológica— puede escuchar música triste sin activar el disgusto.

Bueno, la próxima vez que te dé por escuchar los nocturnos de Chopin o baladas tristes de jazz, blues o pop; no te reprimas. Una cuota de música triste puede traer un enorme deleite.

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