Entrevistas

Periodista argentino cuenta las más bizarras historias mundialeras

Desde el uruguayo que murió y resucitó para seguir jugando, hasta los escoceses que arrasaron con el whisky en una ciudad.

En el mundial de Suiza de 1954, Uruguay estaba en semifinales contra Hungría y Juan Hohberg anota 2 goles logrando el empate. Su equipo, en el festejo, se arrojó sobre él y “el tipo sufrió un infarto”, detalló Wernicke, quien revisó una serie de crónicas celestes.

“La cuestión es que inclusive se llegó a decir que estuvo clínicamente muerto ahí en la cancha”, y después de masajes cardiacos, respiración boca a boca y la suministración de coramina, se recompuso y “lo mandaron de nuevo a la cancha a jugar” el alargue. Incluso “estrelló un tiro en un poste que pudo haberle dado la victoria” a los charrúas.

“Terminó siendo el muerto que hacía goles”, remató el autor del libro "Historias insólitas de los mundiales de fútbol".

También ahondó en la relación fútbol-alcohol. Y si bien estima que “qué mejor que tomarse una cerveza o una copa de vino antes de irse a dormir para relajarse un poco”, admitió que “el problema es cuando se exceden un poco”.

Tal fue el caso en Argentina 1978, donde “fue célebre la fiesta que dieron los jugadores escoceses cuando quedaron eliminados: Acabaron con la existencia de whisky en la ciudad de Córdoba (…) terminaron todos ebrios y tirándose a la pileta desnudos” en pleno invierno.

Wernicke también se refirió a los inicios del juego: El fútbol “se jugaba más con la mano que con el pie” hace casi 150 años, con balones que “pretendían ser redondos, pero no eran redondos” y con césped de campo, un “pasto crecido”.


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