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"Digger": cuando la cruda realidad no nos deja más que reír (y llorar)

Digger reúne a Tom Cruise y Alejandro González Iñárritu en una sátira teatral, divertida e incómoda sobre poder, progreso y destrucción ambiental.

Digger Tom Cruise
Warner Bros.

Hay algo particularmente incómodo en reírse de una situación para descubrir, minutos después, que quizás la broma también hablaba de nosotros.

Ahí está una de las mayores virtudes de Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu protagonizada por Tom Cruise. Su sátira funciona porque primero exagera nuestra realidad hasta convertirla en algo aparentemente absurdo y después comienza, poco a poco, a borrar esa distancia.

Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿cuánto de todo esto es realmente ficción?

Iñárritu construye un mundo prácticamente postapocalíptico para hablar de una problemática que conocemos de sobra, pero cuya magnitud muchas veces preferimos ignorar: la destrucción del medioambiente y nuestra participación en ella.

Y lo hace poniendo en el centro una contradicción difícil de resolver. Queremos avanzar, crecer económicamente, desarrollar nuevos proyectos y encontrar recursos que permitan sostener ese progreso. Pero ¿qué ocurre cuando esa misma necesidad de avanzar comienza a destruir aquello que necesitamos para seguir existiendo?

Digger convierte al espectador en parte de su propia sátira

La película encuentra una manera especialmente atractiva de plantear esa discusión: el teatro.

Gran parte de Digger funciona como una representación dentro de otra representación. Tom Cruise interpreta a Digger Roswell, pero al mismo tiempo debe mostrar quién es ese hombre cuando desaparece el telón y termina la función.

Es en ese contraste donde Cruise encuentra uno de los aspectos más interesantes de su personaje. La puesta en escena permite que todo se sienta exagerado, histriónico e incluso ridículo. Nos reímos porque estamos observando personajes y situaciones que parecen haber llevado nuestra sociedad hasta una caricatura.

Pero Iñárritu no permite que esa comodidad dure demasiado. Mientras la película avanza, aquello que inicialmente parecía una exageración comienza a sentirse peligrosamente cercano. El dinero, la explotación de recursos, el petróleo, las ansias de poder y la necesidad permanente de crecimiento dejan de funcionar únicamente como elementos de una comedia.

La sátira comienza a revelar lo que escondía. Y ahí Digger pega más fuerte.

Una película que se ríe del progreso mientras muestra su costo

Digger no presenta la destrucción ambiental simplemente como una catástrofe que ocurre frente a nosotros.

La conecta con las decisiones que tomamos como sociedad y con aquello que estamos dispuestos a ignorar mientras el sistema continúe funcionando. La necesidad de progresar se convierte así en una paradoja. Seguimos buscando más recursos para crecer, aunque ese crecimiento pueda contribuir al mismo daño que amenaza nuestro futuro.

Iñárritu lleva esa contradicción hasta el absurdo, pero nunca permite que olvidemos completamente que detrás de la comedia existe algo reconocible. Por eso hay momentos genuinamente graciosos. Digger es divertida. Mucho.

El problema (deliberado, por supuesto) llega segundos después de la risa, cuando la película prácticamente nos pregunta por qué aquello nos pareció tan gracioso.

Tom Cruise demuestra que hay muchísimo más allá de la acción

Y en medio de todo está Tom Cruise.

Resulta difícil pensar en un papel reciente suyo que se aleje tanto de la imagen que hemos terminado asociando con el actor. Aquí no necesita salvar al mundo colgándose de un avión o protagonizando una enorme secuencia de acción. Su desafío es completamente diferente.

Cruise abraza la teatralidad y la sátira de Digger Roswell sin perder de vista al hombre que existe detrás de esa representación. Es exagerado cuando necesita serlo, incluso al mimso personaje que interpreta a Digger le molesta. Son dos personalidades completamente distintas, pero parecidas al mismo tiempo. El resultado es una actuación espectacular.

Incluso cuando la película desplaza momentáneamente su atención hacia otros elementos, basta con que Cruise vuelva a aparecer para apropiarse nuevamente de la pantalla. Su presencia es magnética. Y precisamente porque estamos tan acostumbrados a verlo en otro registro, resulta especialmente interesante observarlo entregarse a un personaje de estas características.

Es una interpretación que perfectamente puede instalarlo en la conversación de premios y convertirse en una de sus apuestas más importantes en la búsqueda de su primer Oscar competitivo.

Iñárritu borra lentamente la distancia entre la pantalla y nosotros

La dirección de Alejandro González Iñárritu se siente meticulosamente construida. No solamente por la forma en que utiliza los espacios, sino porque la película va modificando nuestra posición frente a aquello que observamos.

Al comienzo somos espectadores mirando una representación. Existe un escenario, personajes y una sátira cuya exageración nos permite mantener cierta distancia. Pero mientras aumenta la intensidad, esa separación comienza a desaparecer.

El público que observa la obra dentro de Digger y nosotros, sentados frente a la película, empezamos a ocupar posiciones cada vez más parecidas. Nosotros también estamos mirando. Nosotros también nos estamos riendo.

Y quizás nosotros también hemos aprendido a observar problemas enormes (la destrucción ambiental, la explotación de recursos o las consecuencias de una búsqueda permanente de crecimiento) con suficiente distancia como para seguir adelante sin pensar demasiado en ellos.

Ahí la decisión teatral de Iñárritu deja de ser solamente estética y se transforma en una de las herramientas más interesantes de la película.

Digger: una comedia que deja una sensación bastante menos divertida

Digger podría haberse convertido fácilmente en una película que simplemente nos dijera qué pensar. Afortunadamente, su sátira resulta mucho más interesante cuando nos obliga a llegar solos a esa incomodidad.

Primero nos permite disfrutar del espectáculo. Después nos muestra qué había detrás del telón. Es graciosa, cruda, introspectiva y tremendamente incómoda cuando quiere serlo, con un Tom Cruise que demuestra cuánto puede ofrecer cuando abandona por completo el territorio en el que estamos acostumbrados a verlo.

Pero su mayor logro quizás sea otro. Durante buena parte de Digger podemos convencernos de que estamos observando una representación exagerada de nuestra realidad. Hasta que llega un momento en que la película deja de parecernos tan exagerada. Y ahí la risa cambia por completo.

Totalmente recomendada.


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