Cuarenta años después de la tragedia, los restos de Chernóbil siguen revelando secretos que sorprenden a los científicos.
Un nuevo análisis con rayos X encontró que la estructura cristalina de varias partículas radiactivas permanece intacta, pese a años de exposición.
En ese contexto, el hallazgo aporta una pista sobre cómo se comportan estos restos en el suelo y el asfalto de la zona de exclusión.
Los investigadores advierten que la estabilidad observada no elimina el peligro ni permite generalizar los resultados a toda el área contaminada.
Qué reveló el análisis de las partículas radiactivas de Chernóbil
Para examinar los fragmentos, el equipo empleó difracción de rayos X de alta resolución en un sincrotrón. La técnica permitió identificar las fases cristalinas de partículas individuales, algo que no se había descrito con este nivel de detalle para estos residuos.
Además, en las muestras aparecieron dióxido de uranio, UO₂, junto con U₃O₈, U₄O₉ y fases mezcladas con zirconio.
La presencia de UO₂ y U₄O₉ conservados llamó la atención de los científicos. Ambas fases pueden actuar como matrices para retener productos de fisión y actínidos.
Según el artículo, la integridad de esas estructuras sugiere que ciertos componentes podrían permanecer contenidos dentro del combustible durante más tiempo.
Esto cambia la lectura sobre la movilidad de algunos contaminantes. Sin embargo, no significa que las partículas sean inocuas ni que todo el material radiactivo esté inmovilizado.
Por otra parte, la investigación fue realizada por especialistas de la Universidad Leibniz de Hannover y el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf, junto con colaboradores de otras instituciones.
Sus resultados aparecieron en el Journal of Hazardous Materials en 2026, casi cuarenta años después de la explosión del reactor ucraniano.
Un hallazgo que no elimina los riesgos ambientales
Aun con la estructura cristalina conservada, los fragmentos siguen siendo combustible nuclear radiactivo.
La erosión y el viento pueden favorecer que partículas se desprendan o vuelvan a dispersarse. Por eso, estabilidad química y seguridad ambiental no son conceptos equivalentes.
Además, las partículas pueden diferir por su composición, tamaño y lugar de origen. El estudio analizó solo seis fragmentos de dos sitios. Por eso, sus resultados describen esas muestras y no representan automáticamente todos los restos presentes en Chernóbil.
En consecuencia, esa limitación impide establecer cuánto material podría liberarse, a qué ritmo o qué exposición enfrentaría la población.
Para responder esas preguntas hacen falta mediciones adicionales, con más partículas y distintos ambientes. También se requieren estudios sobre la evolución de cada fase mineral.
A su vez, los autores plantean que los datos pueden mejorar los modelos de contaminación y las estrategias de gestión de residuos en zonas afectadas por accidentes nucleares.
El seguimiento de las partículas radiactivas de Chernóbil seguirá siendo relevante para evaluar qué permanece retenido y qué puede movilizarse.
La investigación mantiene la advertencia central: estos restos requieren vigilancia y manejo especializado.
El aporte es mostrar que ciertos fragmentos conservan una arquitectura interna resistente. Los científicos amplían el análisis para precisar su comportamiento fuera del reactor.
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