Una molestia en el pecho, un latido más fuerte de lo habitual o una sensación de mareo pueden convertirse en el inicio de una experiencia angustiante. En ocasiones, el problema no comienza con la sensación física, sino con la interpretación que hacemos de ella. Pensar inmediatamente que algo grave está ocurriendo puede activar una respuesta de ansiedad que intensifica el malestar.
Este mecanismo se conoce como ciclo de la ansiedad, un proceso en el que los pensamientos, las emociones y las reacciones del cuerpo se retroalimentan. La psicóloga María Paula Castro, del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral, explicó a Infobae cómo funciona este circuito y por qué puede resultar tan difícil interrumpirlo.
¿Cómo comienza el ciclo de la ansiedad?
La especialista planteó un ejemplo cotidiano: una persona camina tranquilamente cuando siente una molestia en el pecho. Aunque podría tratarse de una contractura o una mala postura, aparece un pensamiento alarmante: "¿Y si es el corazón?".
Esa interpretación puede desencadenar una respuesta de ansiedad. El corazón comienza a latir más rápido, la respiración se vuelve corta y pueden aparecer sudoración, mareos o tensión muscular.
Entonces ocurre algo importante: la persona interpreta estos nuevos síntomas como una confirmación de que realmente está en peligro. El miedo aumenta y, con él, también pueden intensificarse las sensaciones físicas.
Según Castro, el circuito se alimenta de la relación entre lo que sentimos y el significado que le atribuimos. Sin embargo, es importante recordar que no todas las palpitaciones, molestias en el pecho o dificultades respiratorias se deben a la ansiedad. Los síntomas nuevos, intensos o preocupantes requieren evaluación médica.
Las seis fases del ciclo de la ansiedad
La psicóloga identificó seis etapas que permiten comprender cómo se desarrolla este mecanismo:
- Disparador: aparece una sensación física, un pensamiento, un recuerdo o una situación que genera preocupación.
- Interpretación catastrófica: la persona imagina inmediatamente el peor escenario posible.
- Activación de la ansiedad: el organismo responde como si estuviera enfrentando una amenaza.
- Síntomas físicos y mentales: surgen palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para concentrarse o sensación de peligro.
- Atención puesta en la amenaza: la persona comienza a vigilar constantemente las señales que podrían confirmar su temor.
- Confirmación: los síntomas se interpretan como una prueba del peligro y el circuito vuelve a comenzar.
Este patrón no aparece exclusivamente en personas con un trastorno de ansiedad. También puede presentarse durante períodos de estrés, antes de hablar en público o frente a situaciones de incertidumbre.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando sentimos ansiedad?
Cuando el cerebro interpreta una situación como peligrosa, se activa una respuesta de alarma en la que participa la amígdala. Esta reacción pone en marcha el sistema nervioso simpático y favorece la liberación de hormonas relacionadas con el estrés, como la adrenalina y el cortisol.
El resultado es la conocida respuesta de lucha o huida. El corazón late más rápido, los músculos se tensan y la respiración cambia para preparar al organismo ante una posible amenaza.
El problema aparece cuando estas reacciones se interpretan como señales de una enfermedad grave, incluso después de que una evaluación médica haya descartado esa posibilidad. El doctor David H. Rosmarin, profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard, explicó en Psychology Today que el miedo a experimentar ansiedad puede intensificarla.
De esta manera, una sensación inicialmente incómoda puede transformarse en una preocupación constante por volver a sentirla.
Las conductas que pueden mantener el miedo
La psicóloga Castro identificó dos factores que pueden reforzar el circuito. El primero es la atención selectiva, que lleva a concentrarse en cualquier sensación o señal que parezca confirmar una amenaza. El segundo corresponde a las llamadas conductas de seguridad.
Entre ellas se encuentran revisar constantemente el pulso, buscar síntomas en internet, pedir tranquilidad repetidamente o evitar situaciones que generan nerviosismo. Aunque estas acciones pueden proporcionar alivio momentáneo, cuando se vuelven excesivas pueden mantener el temor a largo plazo.
Esto no significa que consultar a un médico sea perjudicial. La diferencia está entre buscar atención cuando existe una preocupación de salud legítima y repetir comprobaciones innecesarias después de una evaluación adecuada.
¿Cómo frenar el ciclo de la ansiedad?
Los especialistas proponen distintas estrategias para reconocer el circuito y reducir su intensidad.
- Reconocer lo que está ocurriendo: identificar un patrón de ansiedad previamente conocido puede ayudar a tomar distancia de los pensamientos alarmantes.
- Cuestionar las interpretaciones catastróficas: preguntarse si existen otras explicaciones posibles para una situación puede disminuir la sensación de amenaza.
- Respirar lentamente: la respiración diafragmática, con una exhalación más prolongada que la inhalación, puede ayudar a reducir la activación física.
- Evitar las comprobaciones constantes: una vez descartado un problema médico, reducir las revisiones repetitivas puede contribuir a debilitar el circuito.
- Retomar las actividades habituales: dirigir nuevamente la atención hacia el presente, sin exigir que desaparezca inmediatamente todo el malestar, también puede ser útil.
Estas recomendaciones no reemplazan una evaluación profesional ni constituyen un tratamiento universal.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Castro explicó que la terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos con mayor respaldo científico para abordar los problemas de ansiedad. Este enfoque permite comprender la relación entre pensamientos, emociones y conductas, además de desarrollar nuevas formas de responder ante situaciones temidas.
El trabajo terapéutico también puede incluir una exposición gradual y acompañada a experiencias que generan temor. El objetivo no es eliminar completamente la ansiedad, una emoción natural del organismo, sino aprender a reconocerla y manejarla sin que controle la vida cotidiana.
Importante: si aparecen síntomas físicos nuevos o preocupantes, corresponde consultar a un profesional de salud. Ante dolor intenso o persistente en el pecho, dificultad respiratoria importante, desmayo u otras señales de alarma, se debe buscar atención médica urgente y no asumir que se trata de ansiedad.
