Noticias

Las lluvias que afectan a Santiago podrían traer otro peligro en verano: la advertencia de un especialista

Experto de la UBO advierte que las lluvias intensas pueden favorecer incendios forestales en verano y que los suelos quemados aumentan el riesgo de aluviones.

Lluvias En Santiago
Cedidas

Las intensas precipitaciones, tormentas eléctricas y granizadas que han afectado a Santiago durante los últimos días no solo representan un desafío inmediato para la ciudad.

También podrían formar parte de un problema de mayor alcance: la posibilidad de que un fenómeno climático extremo genere condiciones favorables para otra emergencia meses después. Así lo advierte el doctor Jorge Leiva, jefe de carrera de Ingeniería Civil en Medio Ambiente y Sustentabilidad de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), quien explica que Chile enfrenta riesgos naturales cada vez más interconectados.

En el marco del Día Mundial contra el Cambio Climático, que se conmemora el 24 de octubre, el académico llamó a prestar atención a las consecuencias que pueden aparecer después de las lluvias o los incendios. “Los riesgos ya no llegan por separado, se van encadenando, y ese es uno de los grandes desafíos que tenemos como país”, afirmó.

¿Por qué las lluvias podrían aumentar el riesgo de incendios forestales?

Aunque las precipitaciones suelen asociarse con una disminución del peligro de incendios, sus efectos pueden cambiar con el paso de los meses. Según explica Leiva, las lluvias abundantes favorecen el crecimiento de pastizales y otras formas de vegetación.

El problema aparece cuando llegan las altas temperaturas del verano y esa vegetación se seca. En esas condiciones, los pastizales pueden transformarse en material combustible que facilita la propagación del fuego si se produce una ignición.

El especialista advierte que este escenario resulta especialmente relevante para las zonas de interfaz urbano-forestal, donde viviendas y sectores poblados se encuentran próximos a áreas con vegetación. Entre los territorios que requieren especial atención menciona los sectores comprendidos entre Valparaíso y La Araucanía.

Esto no significa que las lluvias provoquen directamente incendios ni que exista una catástrofe inevitable durante el próximo verano. La preocupación está en que el crecimiento y posterior secado de la vegetación puede aumentar la disponibilidad de combustible, uno de los factores que influyen en el comportamiento de los incendios forestales.

El peligro inverso: cuando los incendios dejan el terreno expuesto a aluviones

El vínculo entre ambos fenómenos también puede producirse en sentido contrario.

Cuando un incendio afecta una ladera, la pérdida de vegetación reduce la protección natural del suelo frente a la lluvia.  Las raíces y la cobertura vegetal ayudan a mantener la estabilidad del terreno y a limitar la erosión. Sin esa protección, las precipitaciones intensas pueden favorecer el arrastre de sedimentos y aumentar el riesgo de aluviones.

Leiva menciona como ejemplo lo ocurrido recientemente en Las Condes, donde las lluvias afectaron una ladera que anteriormente había sufrido un incendio. Para el académico, situaciones como esta demuestran que la gestión de emergencias no puede concentrarse exclusivamente en el desastre que está ocurriendo en un momento determinado.

También debe considerar cómo ese evento modifica las condiciones del territorio y puede incrementar su vulnerabilidad ante fenómenos futuros.

¿Qué relación tiene este fenómeno con el cambio climático?

El especialista explica que estos riesgos se desarrollan en un contexto de calentamiento global, que puede intensificar determinados eventos meteorológicos.

Uno de los mecanismos involucrados es la capacidad de la atmósfera para contener humedad. Por cada grado Celsius de aumento de temperatura, el aire puede contener aproximadamente un 7% más de vapor de agua, lo que favorece precipitaciones potencialmente más intensas cuando se presentan las condiciones necesarias.

Esto no significa que todas las lluvias extremas puedan atribuirse individualmente al cambio climático, pero sí ayuda a comprender por qué el calentamiento global puede modificar la intensidad de algunos fenómenos. “El clima se ha vuelto más extremo y menos predecible, y pasa de un extremo a otro en poco tiempo. La ciencia lleva años advirtiendo que este es uno de los efectos del cambio climático, y hoy lo estamos viviendo”, señaló Leiva.

“Nuestras ciudades se diseñaron con el clima del pasado”

Además de los riesgos asociados a la vegetación y los suelos, el académico advierte sobre las limitaciones de la infraestructura urbana. Esta para enfrentar específicamente los episodios meteorológicos intensos. “Nuestras ciudades se diseñaron con el clima del pasado”, sostuvo.

Entre los problemas que identifica se encuentran la capacidad insuficiente de algunos sistemas de evacuación de aguas lluvias, la impermeabilización del suelo y la construcción en zonas expuestas a amenazas naturales. Estos factores pueden aumentar las consecuencias de las precipitaciones, especialmente cuando el agua no logra infiltrarse o evacuarse adecuadamente.

Leiva plantea que Chile ya cuenta con herramientas para identificar y gestionar estos peligros, como la Ley Marco de Cambio Climático y el Atlas de Riesgos Climáticos. Sin embargo, considera que el desafío pendiente está en convertir esa información en medidas concretas.

Entre las acciones necesarias menciona la adaptación de infraestructura, el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, una planificación urbana que considere escenarios climáticos futuros y la restauración de vegetación nativa. “En el diagnóstico no llegamos tarde, pero en la implementación sí”, afirmó.

De cara al Día Mundial contra el Cambio Climático, el especialista concluyó con un llamado a priorizar la prevención frente a los costos humanos y materiales de las emergencias. “Este día contra el cambio climático es una buena oportunidad para recordar que prevenir siempre cuesta menos que reconstruir”.


Contenido patrocinado

Compartir