Entrevistas

Las empresas organizan charlas y pausas activas contra el estrés, pero hay algo que podría importar mucho más

Cristóbal del Castillo advierte sobre el estrés laboral y explica por qué las charlas de bienestar no bastan sin cambios en los hábitos de las empresas.

Estrés En Empresas
Getty Images

Una empresa puede organizar charlas de salud mental, instalar dispensadores de frutas y ofrecer pausas activas para sus trabajadores. Sin embargo, si al terminar la jornada las jefaturas continúan enviando correos y esperando respuestas fuera del horario laboral, esas iniciativas pueden resultar insuficientes.

La contradicción fue abordada por Cristóbal del Castillo, gerente general de Inside Up, durante su columna en Concierto Valor, donde advirtió que el estrés laboral no se combate únicamente con actividades ocasionales, sino mediante cambios sostenidos en las prácticas cotidianas de las organizaciones.

Panal De Ideas 14 De Octubre
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El ejecutivo también abordó la magnitud del problema, la importancia de la repetición para construir hábitos y el papel que deben desempeñar los líderes en la creación de ambientes de trabajo más saludables.

Cuatro de cada diez trabajadores reportan estrés

El estrés laboral es una preocupación que afecta a millones de personas y que puede extenderse mucho más allá de la jornada de trabajo.

Durante su intervención, Del Castillo citó una cifra internacional para dimensionar el fenómeno. “40% de los trabajadores en el mundo están estresados”, señaló.

El ejecutivo explicó que, de cada diez trabajadores, aproximadamente cuatro reportan algún nivel de estrés. La cifra fue presentada durante la columna sin identificar la fuente específica del estudio, por lo que corresponde atribuirla a la medición mencionada por el especialista y no extrapolarla directamente a la realidad chilena.

Más allá del porcentaje, Del Castillo puso el foco en la persistencia del malestar. “No hablamos de un mal día ni de una semana, sino que esto es un estado que se instala, que se lleva a la casa y vuelve al día siguiente”, afirmó.

Su diagnóstico apunta a que el estrés puede convertirse en una experiencia permanente cuando las condiciones que lo provocan se repiten a diario.

Las soluciones parche de las empresas

Frente a las preocupaciones por la salud mental, muchas organizaciones han incorporado actividades destinadas a mejorar el bienestar de sus trabajadores. Entre ellas aparecen charlas especializadas, pausas activas y distintas iniciativas de promoción de hábitos saludables.

Sin embargo, Del Castillo cuestionó que esas acciones sean suficientes cuando no van acompañadas de cambios en la manera habitual de trabajar. “La reacción habitual de las empresas es apagar un incendio: una charla en el mes de la salud mental, hacer una pausa activa, poner dispensador de frutas”, ejemplificó.

Para el ejecutivo, estas iniciativas pueden tener valor, pero no deberían confundirse con una estrategia integral de bienestar. “Son actos parche o actos superficiales”, sostuvo.

La crítica apunta a la diferencia entre ofrecer una actividad puntual y modificar las prácticas que se repiten durante el resto del año. Una organización puede promover el autocuidado durante una jornada especial, pero mantener al mismo tiempo dinámicas que dificultan el descanso, la desconexión o la organización del trabajo.

“El estrés no se resuelve con eventos, se resuelve con hábitos”

La propuesta central de Del Castillo consiste en cambiar el enfoque desde las actividades aisladas hacia la construcción de hábitos. “El estrés no se resuelve con eventos, se resuelve con hábitos”, afirmó.

La idea es que las prácticas cotidianas tengan un efecto más sostenido sobre la experiencia laboral que una intervención realizada ocasionalmente. Esto implica observar cómo se desarrollan las reuniones, cómo se comunican las jefaturas, qué expectativas existen respecto de la disponibilidad de los trabajadores y cuáles son las conductas que se repiten dentro de la organización.

Desde esta perspectiva, mejorar el bienestar no depende solamente de incorporar nuevas actividades. También requiere revisar costumbres que pueden estar normalizadas, pero que contribuyen a mantener situaciones de tensión.

¿Cuánto tiempo se necesita para formar un hábito?

Durante su columna, Del Castillo también abordó una de las creencias más extendidas sobre el cambio de comportamiento: la idea de que existe una cantidad fija de días para consolidar un hábito.

El ejecutivo recurrió a las propuestas del autor James Clear, conocido por su libro Hábitos Atómicos, para destacar la importancia de la repetición. “No hay una evidencia concreta para la cantidad de días, sino que tiene que ver con la cantidad de repeticiones”, explicó.

Como ejemplo, planteó que repetir una conducta muchas veces durante un periodo corto podría contribuir a consolidarla, en lugar de depender únicamente del tiempo transcurrido. “Si quieres un hábito pronto, hazlo más veces seguidas”, sostuvo.

La reflexión apunta a que el cambio de comportamiento requiere práctica constante. Sin embargo, la formación de hábitos no depende exclusivamente del número de repeticiones. También influyen la complejidad de la conducta, el contexto y las características de cada persona. Por eso, no existe una fórmula universal que garantice que cualquier hábito se consolide después de una cantidad determinada de días o intentos.

El correo de las 10 de la noche

Uno de los ejemplos más concretos entregados por Del Castillo se relaciona con la comunicación fuera del horario laboral.

El ejecutivo cuestionó que una organización promueva límites de jornada mientras sus propios líderes mantienen conductas que los contradicen. “Si tú consideras que tus trabajadores tienen que terminar a las 5, recibir correo a las 10 de la noche no es correcto”, señaló.

El ejemplo refleja cómo una práctica cotidiana puede entrar en conflicto con los objetivos de bienestar que una empresa declara. Aunque exista una política de desconexión, su aplicación puede debilitarse si los trabajadores perciben que deben mantenerse disponibles para responder a sus superiores. Por eso, Del Castillo insistió en que los cambios deben comenzar por quienes dirigen los equipos. “Sé tú el primero en implementarlo”, afirmó.

La responsabilidad del liderazgo no consiste únicamente en promover determinadas conductas, sino también en practicarlas de manera consistente.

El papel de las jefaturas en la cultura laboral

Para Del Castillo, la arquitectura de hábitos dentro de una empresa depende en buena medida de los comportamientos que sus líderes refuerzan diariamente.

Una instrucción escrita puede establecer determinadas reglas, pero las acciones cotidianas muestran qué se espera realmente de los trabajadores. Si una jefatura promueve el descanso, pero envía mensajes permanentemente fuera del horario laboral, puede instalar una expectativa contraria.

Del mismo modo, cuando los líderes respetan los tiempos de desconexión y mantienen prácticas coherentes con las políticas internas, contribuyen a que esas conductas se vuelvan parte de la cultura organizacional. “Tratemos de llevarlo, reitero, como hábitos, no como eventos aislados”, planteó el gerente general de Inside Up.

Su propuesta apunta a que el bienestar deje de ser una actividad extraordinaria y se transforme en una característica habitual de la experiencia laboral.

Cambiar la rutina, no solamente el calendario

La reflexión de Cristóbal del Castillo deja una distinción importante para las empresas que buscan enfrentar el estrés de sus trabajadores.

Las charlas, actividades recreativas y acciones de promoción de salud mental pueden formar parte de una estrategia de bienestar. Pero su efecto será limitado si las condiciones cotidianas de trabajo permanecen sin cambios.

El ejecutivo propone observar qué comportamientos se repiten, qué expectativas transmiten las jefaturas y cómo se construyen hábitos que favorezcan una relación más saludable con el trabajo. También plantea que los cambios necesitan constancia, más allá de la duración de una campaña o del número de actividades organizadas durante el año. Porque una empresa puede dedicar una jornada completa a hablar de bienestar, pero son las prácticas que mantiene durante los demás días las que terminan definiendo cómo se trabaja.


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