La inteligencia artificial (IA) está ganando cada vez más espacio en las empresas. Sin embargo, su rápida expansión también está generando nuevos desafíos para controlar cuánto dinero se invierte y cómo se utilizan las herramientas adquiridas. Según una encuesta de Boston Consulting Group (BCG) realizada a 1.330 altos ejecutivos, más del 80% del gasto empresarial en IA ya se concentra fuera del presupuesto corporativo de Tecnologías de la Información (TI).
El estudio, publicado el 30 de septiembre, también reveló que los recursos destinados a esta tecnología aumentaron desde aproximadamente el 1,7% de los ingresos empresariales a fines de 2025 hasta el 3,3% en 2026. Las cifras reflejan una expansión de la inteligencia artificial hacia distintas áreas de las organizaciones, pero también plantean una interrogante: ¿quién está supervisando la inversión total?
¿Por qué las empresas podrían estar gastando más de lo necesario en IA?
El hecho de que gran parte del gasto esté fuera del presupuesto de TI no significa que las compras se realicen sin autorización.
Más bien, refleja que áreas como marketing, ventas, finanzas y operaciones están incorporando soluciones de inteligencia artificial para resolver sus propias necesidades. El problema aparece cuando esas decisiones no se coordinan entre sí.
Cristina Fritz, cofundadora de Digital eXp, consultora especializada en Enterprise Technology en Chile, advierte que esta situación puede provocar gastos innecesarios. «Una empresa puede aprobar cada compra de IA y aun así perder de vista cuánto está gastando en total», explica.
Según la ejecutiva, cuando las contrataciones se realizan por separado, existe el riesgo de pagar varias veces por funciones similares o adquirir herramientas que posteriormente requieren recursos adicionales para conectarse. Por ejemplo, una gerencia puede contratar un asistente para analizar clientes, mientras otra incorpora una plataforma para proyectar ventas.
Aunque ambas soluciones resulten útiles, podrían generar dificultades si utilizan información diferente o no se integran con los sistemas existentes.
El costo de la inteligencia artificial va más allá de las licencias
Otro de los desafíos está relacionado con el verdadero costo de implementar estas tecnologías.
Fritz explica que las empresas deben considerar no solo el precio de las suscripciones, sino también la preparación de los datos, la integración entre plataformas, la capacitación de los trabajadores y el mantenimiento posterior. «Una licencia puede ser rápida de comprar, pero integrarla al negocio exige mucho más que habilitar usuarios», señala.
De esta manera, una herramienta que inicialmente parece económica podría terminar requiriendo una inversión considerable para funcionar correctamente dentro de los procesos de la organización.
¿Qué deberían hacer las empresas chilenas?
Para enfrentar estos riesgos, la especialista propone que las compañías elaboren un inventario de todas las iniciativas de inteligencia artificial que mantienen sus distintas gerencias. Esta revisión debería identificar qué herramientas se contrataron, quiénes las utilizan, cuánto cuestan, a qué información acceden y qué resultados generan.
También permitiría detectar soluciones que cumplen funciones similares y evaluar cuáles conviene integrar. «Hay que saber cuáles se usan, cuánto cuestan realmente y qué cambió gracias a ellas: cuánto tiempo se ahorró, qué errores disminuyeron o qué proceso mejoró», plantea Fritz.
Para las empresas chilenas, el desafío consiste en coordinar las decisiones de las distintas áreas con los equipos de finanzas y tecnología, sin frenar las oportunidades que ofrece la IA. «Si cada área acelera por su cuenta, podemos terminar con más herramientas, pero con los mismos procesos fragmentados», concluye la especialista.
Así, mientras la inversión empresarial en inteligencia artificial continúa creciendo, medir sus resultados y coordinar su implementación se convierte en una tarea fundamental para aprovechar realmente sus beneficios.
