Los resultados de la prueba PISA 2025 volvieron a encender las alertas sobre los aprendizajes de los estudiantes. Chile, al igual que varios países de la OCDE, registró un deterioro importante en lectura y matemáticas que profundiza las dificultades observadas desde la pandemia. Sin embargo, en medio de las caídas apareció una excepción: ciencias logró mantenerse estable.
Para Juan Pablo Valenzuela, profesor e investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, esa diferencia podría entregar una pista relevante sobre cómo recuperar los aprendizajes perdidos: avanzar hacia clases más interesantes, interactivas y capaces de convertir a los propios estudiantes en protagonistas.
En conversación con Concierto Valor, el investigador abordó también las consecuencias que todavía arrastra la generación que pasó por los cierres escolares de 2020 y 2021 y la responsabilidad que corresponde a las familias frente al uso intensivo de pantallas y redes sociales.
Una caída “inédita” en los aprendizajes
Valenzuela explicó que el deterioro observado no corresponde exclusivamente a Chile.
Los resultados muestran un fenómeno que alcanza a buena parte de los países de la OCDE, particularmente en dos áreas fundamentales del aprendizaje. “Hay un tema de un shock negativo a nivel mundial de la mayor parte de los países de la OCDE en particular, con una caída en lenguaje y en matemáticas sustantiva, inédita”, explicó.
El investigador sostuvo que los nuevos resultados profundizan las dificultades que ya habían aparecido en la medición de 2022 respecto de los niveles existentes antes de la pandemia.
Aunque existen distintos factores que pueden contribuir al fenómeno, Valenzuela situó el cierre prolongado de los establecimientos educacionales como uno de los elementos centrales para comprenderlo.
Una generación que todavía carga las consecuencias de la pandemia
Los estudiantes evaluados forman parte de una generación cuya trayectoria educativa quedó directamente atravesada por la pandemia.
Durante 2020 y 2021, los cierres obligaron a trasladar una parte importante del proceso educativo fuera de las salas de clases.
Para Valenzuela, esas brechas todavía no han logrado cerrarse completamente. “El corazón de esta caída tiene que ver con la generación de la pandemia”, sostuvo.
El académico recordó que hubo estudiantes que enfrentaron establecimientos cerrados durante periodos que llegaron a aproximarse a los dos años.
El problema es que el regreso a las aulas no significó automáticamente recuperar aquello que se dejó de aprender. “No hemos sido capaces, no hemos hecho lo suficiente para cerrar las brechas generadas y están a terminar su enseñanza secundaria con un handicap adicional”, advirtió.
La consecuencia es particularmente importante porque se trata de estudiantes que comienzan a acercarse al final de su etapa escolar arrastrando dificultades originadas varios años antes.
Pantallas: el problema no termina en la sala de clases
El deterioro de los aprendizajes tampoco puede explicarse únicamente por lo ocurrido dentro de los colegios.
Otro de los factores abordados fue el uso intensivo de pantallas y redes sociales, especialmente fuera del horario escolar.
En este punto, Valenzuela planteó que la respuesta no puede recaer exclusivamente en los establecimientos educacionales. “Hay una tarea ineludible también de las familias y de cierta conciencia que tenemos que hacer notar y desarrollar en los propios niños, niñas y jóvenes”, afirmó.
La discusión adquiere una dificultad adicional porque los dispositivos tecnológicos no necesariamente deben entenderse solamente como un obstáculo.
Bien utilizados, señaló el investigador, también pueden transformarse en herramientas capaces de generar mayor interés por el aprendizaje.
La excepción que dejó ciencias
En medio del retroceso en lectura y matemáticas, los resultados en ciencias llaman especialmente la atención. ¿Por qué esa área consiguió mantenerse mientras otras registraron caídas?
Valenzuela planteó una hipótesis relacionada directamente con la forma en que se realizan las clases. “Una potencial hipótesis es porque las clases de ciencia en general son más atractivas, son más interesantes. Estamos haciendo experimentos, estamos involucrados”, explicó.
A diferencia de metodologías donde el estudiante puede adoptar un rol principalmente pasivo, ciencias ofrece mayores posibilidades de experimentar, observar fenómenos y relacionar los contenidos con situaciones concretas. La diferencia metodológica podría ser una de las claves detrás de su mayor resistencia.
Pero, sobre todo, podría entregar aprendizajes que trascienden esa asignatura. “Hacer clases interesantes, entretenidas, colaborativas, que nos pongan como protagonistas en la interacción para el aprendizaje, puede estar una parte relevante de la solución respecto de esta caída”, sostuvo.
¿Qué podrían aprender matemáticas y lectura?
La reflexión de Valenzuela abre una discusión que va más allá de recuperar exactamente los niveles existentes antes de la pandemia.
Si los estudiantes están interactuando de una manera distinta con la información, la tecnología y los estímulos cotidianos, los métodos utilizados para enseñar también podrían necesitar transformaciones.
El desafío sería conseguir que asignaturas fundamentales como matemáticas o lenguaje incorporen dinámicas capaces de involucrar más activamente a los estudiantes.
Esto tampoco significa expulsar completamente la tecnología de la educación. “Lo que requerimos es clases más interesantes e interactivas y otros métodos de enseñanza donde los propios dispositivos tecnológicos puedan ser una ayuda para enganchar de mejor forma a los estudiantes”, planteó.
Así, una misma herramienta que puede convertirse en una fuente permanente de distracción fuera de la sala también podría utilizarse pedagógicamente para generar participación.
Los resultados de PISA dejan entonces dos diagnósticos distintos. El primero es preocupante: la generación que atravesó los cierres escolares todavía carga brechas que Chile no ha conseguido recuperar completamente.
Pero la estabilidad registrada en ciencias entrega también una posible señal sobre el camino hacia adelante.
La respuesta podría no estar solamente en aumentar contenidos o recuperar horas perdidas, sino en preguntarse cómo se está enseñando: transformar la sala de clases para que experimentar, colaborar, interactuar y participar activamente deje de ser una característica particular de algunas asignaturas y se convierta en una parte central del aprendizaje.
