Estudian en instituciones diferentes, siguen trayectorias educativas que históricamente han sido tratadas por separado y pocas veces tienen espacios para encontrarse durante su formación. Sin embargo, cuando ingresan al mundo laboral, técnicos y universitarios terminan trabajando juntos.
Esa contradicción estuvo detrás de una de las experiencias abordadas durante el Panal de Ideas de Concierto Valor.
El rector de Inacap y exministro Lucas Palacios destacó la realización de Icare Joven, encuentro desarrollado en Punta de Tralca que reunió a 180 estudiantes provenientes de 50 instituciones técnico-profesionales y universitarias.
La iniciativa permitió que jóvenes de distintas trayectorias educativas trabajaran colaborativamente y se relacionaran con empresas, intentando derribar una separación que, según Palacios, Chile ha construido culturalmente pese a que posteriormente desaparece en el mundo del trabajo.
180 jóvenes de 50 instituciones
El encuentro en Punta de Tralca buscó generar un espacio diferente a las estructuras tradicionales de participación.
En total, participaron 180 estudiantes de 50 instituciones, reuniendo en una misma experiencia a jóvenes provenientes tanto del mundo universitario como técnico-profesional.
Para Palacios, este tipo de instancias también permiten observar una disposición de las nuevas generaciones que muchas veces no encuentra canales suficientes para expresarse. “Los jóvenes quieren ser parte de la construcción de Chile. Lo que pasa es que los adultos no les estamos dando el espacio”, sostuvo.
La reflexión pone el foco en una discusión que trasciende la propia iniciativa. En lugar de interpretar la distancia de los jóvenes con determinadas instituciones como falta de interés, Palacios plantea que también es necesario preguntarse cuántos espacios reales existen para que puedan participar y aportar en decisiones o proyectos concretos.
Icare Joven buscó precisamente entregar uno de esos espacios mediante el trabajo conjunto entre estudiantes y empresas.
La separación entre técnicos y universitarios
Pero uno de los elementos que más destacó Palacios fue la diversidad educacional de quienes participaron.
En Chile, la educación universitaria y la técnico-profesional se han desarrollado tradicionalmente como caminos diferenciados. Para el rector de Inacap, esa separación pierde sentido cuando se observa lo que ocurre posteriormente en las empresas. “Esta cosa de separar la educación universitaria de la técnica profesional no tiene mucho sentido en el mundo laboral real porque después se juntan y tienen que trabajar en conjunto”, afirmó.
La contradicción es sencilla: el sistema los forma por separado para un mercado laboral que después les exige colaborar.
Desde esa perspectiva, reunir a estudiantes de ambas trayectorias durante su etapa formativa permite anticipar una realidad que inevitablemente enfrentarán una vez que comiencen a trabajar.
“Estamos derrumbando este muro divisorio”
Palacios fue más allá y sostuvo que la separación no responde únicamente a la estructura de las instituciones educacionales.
También existiría una barrera cultural construida alrededor de ambos tipos de formación. “Estamos rompiendo, derrumbando este muro divisorio que culturalmente hemos ido construyendo en Chile, que no tiene ningún sentido”, señaló.
El desafío planteado apunta entonces a generar mayores espacios donde estudiantes con distintas formaciones puedan encontrarse antes de ingresar al mercado laboral.
La experiencia de Punta de Tralca incorporó además el contacto con empresas, acercando a los jóvenes a organizaciones con las que eventualmente deberán relacionarse profesionalmente.
Otras formas de incorporar nuevas voces
Durante el panel, Cristóbal Tello complementó la conversación destacando otra experiencia destinada a incorporar perspectivas que habitualmente tienen menos espacios de participación.
Se trata de “Voces Indígenas”, iniciativa de la Universidad Católica que ha trabajado con líderes provenientes de Antofagasta y Tarapacá.
Aunque ambas experiencias responden a contextos distintos, comparten una lógica: generar instancias donde grupos y realidades diferentes puedan encontrarse y participar de conversaciones de las que tradicionalmente han permanecido separados.
En el caso de Icare Joven, el desafío apunta directamente hacia una división histórica del sistema educacional.
Los 180 estudiantes de 50 instituciones reunidos en Punta de Tralca representan trayectorias diferentes, pero probablemente enfrentarán un mismo escenario al ingresar al mercado laboral.
Y es precisamente ahí donde aparece la pregunta planteada por la experiencia: si técnicos y universitarios tendrán que aprender a trabajar juntos, ¿tiene sentido esperar hasta que lleguen a una empresa para comenzar a encontrarse?
