La inteligencia artificial puede convertirse en una de las tecnologías más transformadoras de nuestra época y, al mismo tiempo, existir una burbuja financiera alrededor de las empresas que están protagonizando su desarrollo. Ambas ideas no son contradictorias.
Así lo planteó Daniel San Martín, experto en prospección de futuro y socio de la consultora Frontiers, quien abordó en su columna de Concierto Valor una serie de señales que, a su juicio, comienzan a generar dudas sobre la sustentabilidad financiera de algunas compañías vinculadas al auge de la IA.
El especialista estableció un paralelo con lo ocurrido durante la denominada burbuja de las punto com: internet terminó transformando prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, pero muchas de las empresas que prometían liderar esa revolución desaparecieron cuando las expectativas chocaron con sus resultados reales. La pregunta es si la historia podría repetirse.
Daniel San Martín
¿Una nueva burbuja punto com?
San Martín sostuvo que el escenario actual comienza a recordar lo ocurrido durante el auge tecnológico de los años 90.
En aquella época surgieron numerosas compañías que captaron enormes expectativas debido al potencial que comenzaba a mostrar internet. “Acá el gran paralelismo que se hace es con la crisis de las punto com en los 90. Había un montón de empresas que en ese momento se veían como unas promesas espectaculares [...] eran las OpenAI de esa época”, explicó.
Muchas de ellas finalmente desaparecieron. Eso, sin embargo, no significó que las predicciones respecto del potencial de internet estuvieran completamente equivocadas. La tecnología efectivamente terminó modificando la economía, las comunicaciones, el comercio y la vida cotidiana.
Para San Martín, esa diferencia resulta fundamental al analizar lo que ocurre actualmente. “Eso no quiere decir, ojo, eso no quiere decir, acá quiero hacer la distinción, que la IA sea humo, que la IA no sea una tecnología transformadora”, enfatizó.
Por lo tanto, una eventual corrección financiera en el sector no necesariamente implicaría el fracaso de la inteligencia artificial. Podría significar, en cambio, que no todas las empresas que hoy parecen destinadas a dominar esta revolución tecnológica conseguirán sobrevivir en el largo plazo.
Las señales financieras que generan dudas
Entre las señales abordadas por San Martín aparece la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos por parte de las compañías que desarrollan estos sistemas.
El experto puso como ejemplo el debate sobre la incorporación de publicidad en plataformas de inteligencia artificial y el cambio que esto supondría frente a posiciones expresadas anteriormente por sus propios ejecutivos.
Desde su análisis, la presión por encontrar nuevas vías de monetización podría revelar una distancia entre la enorme cantidad de personas que utilizan estos servicios y aquellas que efectivamente están dispuestas a pagar por ellos.
El problema se vuelve especialmente delicado cuando el modelo de negocio puede interferir con uno de los principales activos de estos sistemas: la confianza del usuario en las respuestas que recibe. “Cuando uno ya empieza a perderle la confianza a estos sistemas, es el principio del fin”, advirtió San Martín.
La incorporación de intereses publicitarios abre precisamente esa discusión: qué ocurre si una persona comienza a preguntarse si una recomendación fue generada porque era la mejor respuesta disponible o porque existía un incentivo comercial detrás.
Cuando la IA comienza a conocer nuestra intimidad
Pero las preocupaciones planteadas durante la columna no fueron exclusivamente financieras.
San Martín también abordó el creciente volumen de información que los sistemas de inteligencia artificial pueden acumular sobre sus usuarios. Las funciones de memoria permiten que estas herramientas conozcan progresivamente preferencias, estilos, hábitos e intereses, generando interacciones cada vez más personalizadas.
Tomando como referencia advertencias realizadas por el historiador Yuval Noah Harari, San Martín sostuvo que el desafío será evitar que esa capacidad termine debilitando la autonomía de las personas. “Lo que nos queda a nosotros como usuarios es mantener la independencia cognitiva, mantener la independencia emocional”, planteó.
El riesgo, explicó, aparece cuando una tecnología deja de conocer únicamente aquello que una persona pregunta y comienza a comprender también qué le interesa, cómo piensa o qué puede influir sobre sus decisiones. “Si ellas son capaces de conquistar nuestra intimidad, van a dominarnos indudablemente”, advirtió.
El conocimiento que las empresas podrían perder
Una tensión similar comienza a aparecer dentro de las compañías.
La inteligencia artificial permite automatizar tareas, procesar grandes cantidades de información y acelerar procesos que anteriormente dependían directamente de trabajadores especializados.
Pero utilizarla indiscriminadamente también puede generar un costo menos evidente: que la propia organización deje de desarrollar internamente el conocimiento que la hace competitiva. San Martín recogió en este punto las advertencias realizadas por el CEO de Microsoft, Satya Nadella. “El gran riesgo para las empresas hoy día es perder su know-how”, sostuvo.
El problema aparecería cuando las organizaciones comienzan a reemplazar sistemáticamente sus propios procesos de aprendizaje por respuestas producidas externamente. “Si uno empieza a hacer todo con inteligencia artificial [...] lo que está haciendo sin darse cuenta es externalizando o sacando el conocimiento de la empresa hacia modelos”, explicó. Esto obliga a diferenciar entre utilizar la IA como una herramienta para potenciar a los trabajadores y convertirla en un sustituto del conocimiento interno.
Una tecnología transformadora no garantiza empresas exitosas
La regulación agrega una nueva capa de incertidumbre. Durante la conversación también se abordaron los cambios regulatorios que están enfrentando plataformas digitales en Europa y las nuevas exigencias que podrían alcanzar a servicios de inteligencia artificial.
El escenario combina entonces varios elementos: enormes expectativas económicas, costos de desarrollo, presión por monetizar servicios, nuevas regulaciones y una carrera tecnológica donde múltiples compañías intentan posicionarse como líderes. Por eso, el paralelo con las punto com resulta relevante.
La lección de aquella crisis no fue que internet había fracasado. Fue que una tecnología capaz de cambiar el mundo no convierte automáticamente en exitosas a todas las empresas construidas alrededor de ella. Para San Martín, esa misma distinción debe hacerse ahora con la inteligencia artificial.
La IA puede efectivamente transformar la economía, las empresas y nuestra vida cotidiana. Pero eso no garantiza que todos los gigantes que hoy protagonizan su auge sean también quienes dominen el mercado del futuro.
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