Entrevistas

"Íbamos a tener este tiempo libre para estar con la familia": la gran contradicción de la inteligencia artificial en el trabajo

Expertos analizaron la paradoja del tiempo libre y la atención en la era de la inteligencia artificial en el cotidiano laboral.

Inteligencia Artificial (11)
Getty Images

Cuando las herramientas de inteligencia artificial comenzaron a democratizarse en el mundo corporativo y cotidiano, una de las grandes promesas implícitas era la recuperación del tiempo vital. Esto incluía trabajar de forma más ágil para dedicar horas al bienestar personal, la familia, la creatividad o el descanso.

Sin embargo, la realidad diaria parece indicar un fenómeno totalmente opuesto. En una nueva edición del programa Concierto Valor, conducido por María Elena Dressel, los especialistas Fernanda Vicente (CEO de Money Queen), Francisco Guzmán (presidente de ACTI y VP de Claro Empresas) y Marcelo Solari (CEO de Kibnum y miembro del G1) abordaron la interrogante central que cruza a las organizaciones modernas. La pregunta clave fue: ¿Quién se queda realmente con el tiempo libre que libera la tecnología?

La paradoja de la sobrecarga y la inercia del sistema

El debate se inició cuestionando cómo la automatización de procesos ha derivado en una mayor exigencia de entregables en lugar de una reducción de la jornada laboral. "Hasta hace un tiempo, cuando recién partió la IA, todo indicaba de que íbamos a tener este tiempo libre para pasar con nuestras familias, para el ocio, para la contemplación... Pero algo pasa que hay una inercia, una máquina mucho más grande que nosotros que hace que trabajemos más y seamos más productivos". Fue lo que reflexionó Marcelo Solari durante la conversación en el espacio "Panal de Ideas".

Por su parte, Francisco Guzmán enfatizó la necesidad crítica de diferenciar entre la mera velocidad operativa y el propósito real de las tareas. "Hoy día hay una batalla por la atención... si no, efectivamente vamos a tener una máquina mucho más productiva o más eficiente, pero sin ir a ningún lado".

El "efecto 2,8 segundos" y la pérdida del pensamiento crítico

Un punto central de la discusión giró entorno al impacto del consumo digital en la capacidad cognitiva y el nivel de concentración de los profesionales. En el panel se expuso cómo la dinámica del scrolling en redes sociales y plataformas ha reducido la capacidad de atención sostenida. Además, esta capacidad se redujo a un promedio drástico de tan solo 2,8 segundos.

Ante este escenario, Fernanda Vicente compartió el desafío cotidiano que significa desconectarse para emprender lecturas o reflexiones de largo aliento. "Tengo un libro en el velador que no he logrado leer... entre las plataformas de streaming y el celular, el cerebro como que no quiere rendirse a cerrar todo para concentrarse".

Frente a esta observación, María Elena Dressel remarcó la importancia de resguardar el tiempo del pensamiento. "Para aprender buenas cosas en la vida parece que uno se demora bastante más que 2,8 segundos... Si no hay paciencia, uno no piensa".

Recuperar los espacios de silencio y contemplación

Para finalizar el encuentro, los panelistas hicieron un llamado a las áreas de gestión de personas a reconfigurar la relación con las herramientas digitales. Además, propusieron buscar pausas conscientes que eviten el colapso por saturación informativa.

Invocando la obra del filósofo Byung-Chul Han sobre el valor del descanso y el pensamiento no utilitario, Marcelo Solari concluyó: "Lo interesante tiene que ver con entender que los espacios de silencio son espacios que nos permiten sentirnos un poquito más existentes y no pasar a la deriva".


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