La crisis del empleo en Chile podría ser más amplia de lo que refleja únicamente la cifra tradicional de desocupación.
Al sumar a quienes están desempleados con aquellas personas que, ante la falta de oportunidades, dejaron de buscar trabajo, cerca de 1,8 millones estarían actualmente afectadas por la falta de empleo.
El escenario fue abordado durante el Panal de Ideas, donde los participantes pusieron sobre la mesa otra paradoja del mercado laboral: mientras una gran cantidad de personas necesita trabajo, existen empresas que enfrentan dificultades para cubrir determinados puestos.
Logística, construcción, carpintería y garzones aparecen entre las áreas donde existiría una importante demanda. El problema, plantearon los panelistas, no estaría solamente en cuántos empleos se generan, sino también en las competencias técnicas, habilidades blandas y experiencia con que las personas llegan al mercado laboral.
Panal De Ideas 1 De Septiembre
El “grupo invisible” detrás del desempleo
La cifra cercana a 1,8 millones permite ampliar la mirada sobre la situación laboral.
Además de quienes aparecen formalmente como desocupados, existe un grupo que queda fuera de esa medición: personas que necesitan trabajar, pero que dejaron de buscar una oportunidad.
Este denominado “grupo invisible” de desalentados muestra una dimensión distinta del problema. Y sus efectos tampoco se distribuyen de manera homogénea.
Manuel Ureta, presidente de la Fundación Infocap, planteó que la discusión presupuestaria debería identificar precisamente dónde se concentran las mayores dificultades. “Que también miren dónde está el problema, porque no es homogéneo a quiénes le pega esto: mujeres, jóvenes, personas con menos ingresos”, señaló.
La focalización de las políticas públicas aparece así como uno de los desafíos para enfrentar un mercado laboral donde determinados grupos encuentran mayores barreras para conseguir empleo.
Jóvenes que llegan más tarde al mercado laboral
Otro de los problemas identificados durante la conversación fue el momento en que los jóvenes tienen su primera experiencia de trabajo.
Gloria Maldonado, directora de Foro Innovación y Conecta Logística, cuestionó la tendencia a prolongar la formación académica antes de ingresar al mercado laboral. “Hoy en día los jóvenes efectivamente postergan la llegada al mercado laboral con posgrado inmediatamente al salir de la universidad”, explicó.
El resultado, advirtió, puede ser una persona con una alta preparación académica, pero sin experiencia práctica. “Eso hace que entran al mercado bastante tardíamente desde el punto de vista de edad, pero con cero competencia”, agregó.
Frente a esta situación, Maldonado propuso mirar modelos donde estudiar y trabajar no constituyen necesariamente etapas consecutivas.
Estudiar y trabajar al mismo tiempo
La panelista puso como ejemplo la experiencia norteamericana, donde los jóvenes pueden comenzar a desarrollar experiencia laboral durante su etapa universitaria. “Si pudiéramos impulsar un modelo como el que existía y existe todavía en Norteamérica en que los jóvenes durante el periodo de la universidad trabajan”, sostuvo.
Según explicó, la incorporación temprana al mundo laboral permite que la formación de una persona no dependa exclusivamente de aquello que aprende dentro de una sala de clases. “Siempre hubo un componente laboral involucrado en el desarrollo de las personas”, agregó.
La idea apunta a que los jóvenes puedan adquirir previamente competencias que después serán exigidas por las empresas.
¿Trabajar desde los 16 años?
Cristóbal del Castillo, gerente general de Inside Ups, planteó otro modelo internacional.
En este caso, destacó la experiencia alemana y la posibilidad de comenzar una inserción laboral acotada desde la adolescencia. “En Alemania [...] a los 16 años tú ya puedes trabajar, el contrato laboral lo firman tus padres y tú empiezas a imponer a los 16 años a máximo 15 o 20 horas semanales”, explicó.
Más allá de replicar exactamente ese sistema, Del Castillo planteó que Chile enfrenta también una discusión cultural respecto de la autonomía y responsabilidad de los jóvenes. “Tenemos una cultura que estamos criando niños que estén en casa hasta los 30 y tantos”, cuestionó.
Para el panelista, modificar esa relación con el trabajo requeriría impulsar responsabilidades progresivamente desde edades más tempranas. “Tenemos que forzar, creo yo, una cultura más de responsabilidad”, afirmó.
Los puestos que cuesta llenar
El problema se vuelve especialmente relevante cuando se contrasta con las necesidades de las empresas. En medio de una crisis que mantiene a cerca de 1,8 millones de personas afectadas por la falta de empleo, existiría al mismo tiempo una alta demanda de trabajadores en determinados oficios.
Áreas como logística, construcción, carpintería y atención de garzones requieren trabajadores, pero las empresas pueden encontrarse con dificultades para conseguir personas con las competencias necesarias. Ahí aparece una brecha que no se resuelve únicamente creando nuevos puestos.
La discusión planteada por el panel apunta también hacia la capacitación, las habilidades blandas y la posibilidad de que los jóvenes acumulen experiencia antes de terminar completamente su formación. La paradoja del mercado laboral chileno estaría precisamente ahí: una gran cantidad de personas necesita trabajo mientras determinadas empresas necesitan trabajadores.
Reducir esa distancia requeriría no solamente impulsar el empleo, sino también revisar cómo y cuándo las personas comienzan a prepararse para entrar al mundo laboral.
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