Entrevistas

Electricistas y obreros podrían ganar terreno frente a trabajos de oficina: el inesperado escenario que abre la IA

Un modelo proyecta un escenario extremo donde la IA golpea empleos cognitivos mientras aumenta la demanda y los ingresos de algunos oficios manuales.

IA Quitará Trabajos
Getty Images

Durante años, una de las grandes preocupaciones frente a la automatización ha sido el eventual reemplazo del trabajo físico por máquinas. Sin embargo, el desarrollo de la inteligencia artificial está abriendo un escenario diferente: algunas de las ocupaciones más expuestas podrían ser precisamente aquellas vinculadas al trabajo del conocimiento.

En el bloque de actualidad e Inteligencia Artificial de Concierto Valor se analizaron las proyecciones de un modelo económico elaborado por Anthropic, que plantea un escenario extremo hacia 2030 en Estados Unidos.

Bajo determinadas condiciones de desarrollo tecnológico, el desempleo en ocupaciones cognitivas podría alcanzar un 17,9%, mientras cerca del 62% de los empleos del conocimiento enfrentaría reducciones salariales o una menor disponibilidad de puestos. Pero la proyección contiene también una paradoja: mientras parte del trabajo de oficina perdería valor, determinados oficios manuales y técnicos podrían volverse más demandados y mejorar sus ingresos.

¿Qué tendría que ocurrir para llegar al 17,9%?

La proyección no plantea que ese nivel de desempleo vaya necesariamente a ocurrir.

Se trata de un escenario extremo condicionado a que la inteligencia artificial alcance capacidades suficientes para realizar de manera autónoma gran parte de las tareas actualmente desarrolladas por personas.

Durante el programa, Viviana Encina explicó precisamente esa condición. “Ese escenario requiere que la inteligencia artificial se vuelva más productiva que los humanos en la mayoría de las tareas de trabajo, de conocimiento, ejecutándolas de forma casi autónoma y sin generar nuevos empleos para las personas”.

Viviana Encina
Viviana Encina

El impacto se concentraría particularmente en ocupaciones cognitivas vinculadas a áreas como gestión, administración y ventas. En ese escenario, el problema no se limitaría a personas que pierdan completamente su empleo. Cerca del 62% de los trabajos del conocimiento podría experimentar una disminución en los salarios o una menor cantidad de puestos disponibles.

La magnitud de la transformación dependería, por lo tanto, de dos factores centrales: cuánto avance la capacidad de la IA para ejecutar esas tareas y cuántos nuevos empleos aparezcan paralelamente a su desarrollo.

El inesperado regreso del valor de los oficios

La misma transformación podría producir el efecto contrario en trabajos donde la intervención física continúa siendo fundamental.

Electricistas, obreros de la construcción y determinadas labores de enfermería aparecen entre los ejemplos abordados. “Los trabajos manuales, estamos hablando de electricistas, personal de enfermería, obreros de la construcción, verían subir sus ingresos al volverse mucho más escasos frente a la oferta de los trabajadores de los conocimientos desempleados desplazados”.

La paradoja está en que la automatización no necesariamente depreciaría todos los trabajos humanos al mismo tiempo.

Si la inteligencia artificial consigue reemplazar más rápidamente determinadas tareas cognitivas que aquellas que requieren presencia física, habilidades manuales o interacción directa, estos últimos trabajadores podrían transformarse en un recurso relativamente más escaso. Y esa escasez podría aumentar tanto su demanda como sus ingresos.

Robots humanoides: la otra frontera de la automatización

Sin embargo, el trabajo físico tampoco permanece completamente aislado del avance tecnológico.

Durante el bloque se abordó también la incorporación de robots humanoides en procesos industriales, con especial atención a los desarrollos observados en China.

La combinación de ambos fenómenos amplía el alcance de la discusión. Por una parte, los modelos de inteligencia artificial pueden automatizar tareas realizadas frente a un computador. Por otra, la robótica busca trasladar progresivamente esa automatización hacia el mundo físico.

La velocidad con que ambas tecnologías evolucionen será clave para determinar qué ocupaciones se transforman primero.

Una regulación que corre detrás de la tecnología

El avance tecnológico también está obligando a los países a discutir cuáles deberían ser sus límites.

En Chile, el debate aparece en medio de la discusión sobre una legislación destinada a regular la inteligencia artificial. “Mientras la inteligencia artificial avanza y todos sus efectos, al parecer las legislaciones y también cómo las sociedades se están preparando van quedando un poco atrás”, se planteó durante Concierto Valor. El desafío está en que las decisiones regulatorias deben intentar anticipar efectos de una tecnología cuya capacidad continúa cambiando rápidamente.

Durante el programa también se destacó la advertencia de un exingeniero de Anthropic sobre los riesgos de no establecer límites. “[Dejar] a la inteligencia artificial sin ningún tipo de regulación podría tener un sinfín de efectos en la humanidad”.

Las cifras proyectadas hacia 2030 no describen necesariamente el futuro que ocurrirá, sino un escenario condicionado a un desarrollo particularmente intenso de la inteligencia artificial. Pero permiten visualizar una transformación que ya comienza a desafiar algunas ideas tradicionales sobre automatización y empleo.

El trabajador más protegido frente a la tecnología no necesariamente será quien realice la labor intelectualmente más compleja. En determinados escenarios, saber instalar una red eléctrica, trabajar físicamente en una construcción o desarrollar tareas presenciales difíciles de automatizar podría adquirir más valor precisamente porque una IA puede hacer cada vez más cosas frente a una pantalla.


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