Un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) encendió las alarmas. Reveló que los adolescentes chilenos de 15 años lideran el uso de redes sociales con más de 45 horas semanales. Esto es equivalente a unas 6,4 horas diarias.
Esta preocupante cifra supera por casi 10 horas el promedio del organismo internacional. Además, contrasta radicalmente con países como Japón, donde el consumo no llega a las 26 horas semanales.
En entrevista con el programa La Comunidad Contraataca de Radio Concierto, la comunicadora y autora de Secuestrados por las pantallas, Carolina Pérez Stephens, abordó esta problemática. Lo hizo con un enfoque crítico hacia las familias y el sistema escolar.
Para la especialista, liderar este listado no es un motivo de orgullo. Es un síntoma de que algo anda mal. Ella afirmó: "Somos el número uno del planeta... es superbrutal, pero por otro lado es bueno porque así yo espero que este país se dé cuenta de que estamos haciendo las cosas mal y tenemos que cambiar".
Pérez Stephens enfatizó que el problema principal no reside en la tecnología con fines educativos o productivos. Destacó que está en el uso desmedido de aplicaciones de entretenimiento pasivo y redes sociales.
Según explicó, este hábito roba tiempo vital que los jóvenes necesitan para desarrollar habilidades sociales básicas. No solo eso, también para conversar mirándose a los ojos y conectar con otros como seres humanos.
El impacto silencioso en el cerebro y el corazón
La sobreexposición a pantallas también conlleva severos riesgos para la salud física y mental de los menores.
Pérez Stephens advirtió que el uso excesivo de redes sociales genera una estimulación de placer constante. Además, puede elevar la presión arterial y los niveles de azúcar en la sangre.
"Eso tiene problemas al corazón, pero se va... no es instantáneo", explicó la experta, señalando que los efectos nocivos se manifiestan a largo plazo.
Asimismo, la autora vinculó esta adicción digital con el alarmante declive en la comprensión lectora y el pensamiento crítico en el país.
Recordó que, en mediciones anteriores, el 55,7% de los jóvenes chilenos de 15 años no logró alcanzar el nivel mínimo de comprensión.
Frente a este escenario, la especialista hizo un fuerte llamado a la acción para los adultos: "No nos farriemos otra generación".
Propuso que las familias establezcan límites firmes y posterguen la entrega de teléfonos propios. Como alternativa, sugirió el uso de dispositivos familiares controlados solo para fines específicos a partir de los 13 años. Así, se devuelve a los jóvenes la posibilidad de un desarrollo más saludable.
