Estar disponible, revisar notificaciones, responder mensajes y permanecer conectado prácticamente durante todo el día se ha transformado en parte de la rutina.
En ese escenario comienza a aparecer una paradoja: apagar el teléfono y alejarse durante algunas horas del mundo digital está adquiriendo un valor que antes no tenía.
El fenómeno fue abordado en el Panal de Ideas, donde los panelistas reflexionaron sobre el llamado “nuevo lujo” de la desconexión y los efectos de una vida marcada por la conexión permanente.
La conversación también abordó el uso de celulares en los colegios y la forma en que algunas plataformas digitales compiten por mantener nuestra atención durante la mayor cantidad de tiempo posible.
Panal De Ideas 27 De Agosto
El “nuevo lujo” de apagar el teléfono
María Elena Dressel planteó que la desconexión comienza a transformarse en algo especialmente valorado precisamente porque la conexión permanente pasó a ser la condición habitual. “El nuevo lujo, que es poder desconectarse. Hoy día como la condición base es que uno tiene que estar conectado 24/7”, señaló.
La conductora destacó que incluso existen personas dispuestas a destinar recursos para conseguir espacios alejados de esa dinámica. “Ahora poder apagar el teléfono, desconectarse de todo lo digital, tiene un valor que la gente está dispuesta a pagar incluso monetariamente”, agregó.
La reflexión plantea un cambio respecto de la relación que las personas mantienen con la tecnología.
Si durante años el acceso permanente a internet representó una ventaja, ahora la capacidad de establecer momentos sin conexión comienza a convertirse también en algo deseable.
La desconexión también llega a los colegios
La discusión adquiere una dimensión diferente cuando se traslada al ámbito educacional.
María Teresa Rojas, decana de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, vinculó este principio con las restricciones al uso de teléfonos dentro de los establecimientos. “El principio de desconexión está detrás de la ley de prohibición de los celulares en las escuelas también”, explicó.
Para Rojas, limitar estos dispositivos no responde únicamente a retirar una posible distracción durante las clases.
También permitiría recuperar otros espacios necesarios dentro de la experiencia educativa. “Fomentar más espacios de escucha, de silencio, de no conexión”, sostuvo.
La académica resumió la importancia que atribuye a este cambio con una idea directa: “La desconexión es importante para aprender”.
De esta manera, la discusión sobre los teléfonos en los colegios se conecta con un debate más amplio sobre atención, concentración y la posibilidad de disponer de momentos libres de estímulos digitales.
“El mayor enemigo de estas plataformas es el sueño”
Pero desconectarse puede resultar difícil cuando buena parte de las plataformas que utilizamos están diseñadas para competir por nuestra atención.
Marina Tannenbaum, directora de ACTI, abordó esta dimensión al referirse a decisiones tomadas en torno a los algoritmos. “Las decisiones que fueron tomando [en Meta] fueron a conciencia de que efectivamente había algoritmos que generaban adicción”, afirmó.
La disputa por mantener a las personas activas llegaría incluso hasta una necesidad biológica imposible de eliminar: dormir. “El mayor enemigo de estas plataformas es el sueño, porque cuando se quedan dormidos dejan de estar”, sostuvo Tannenbaum.
María Elena Dressel complementó la reflexión recordando una idea similar asociada a Netflix. “El creador de Netflix decía que como que tenían que pelear en contra del sueño”, comentó.
La frase grafica hasta dónde puede llegar la competencia por el tiempo de los usuarios: cada minuto durmiendo, conversando, estudiando o realizando otra actividad es también un minuto fuera de una plataforma.
Recuperar espacios sin conexión
La discusión no plantea necesariamente eliminar la tecnología de la vida cotidiana. El punto está en recuperar la capacidad de decidir cuándo utilizarla y cuándo establecer una pausa.
En los colegios, esa lógica aparece asociada a generar mejores condiciones para escuchar y aprender. Fuera de ellos, se relaciona con la posibilidad de escapar temporalmente de una dinámica de conexión permanente. Y ahí aparece la paradoja planteada por el panel: después de años buscando estar conectados en cualquier momento y lugar, la posibilidad de simplemente apagar el teléfono comienza a adquirir un valor propio.
En una sociedad donde estar disponible 24/7 parece haberse convertido en la norma, desconectarse podría terminar siendo, precisamente, el nuevo lujo.
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