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The Rolling Stones y "Foreign Tongues": el desafío al paso del tiempo con el rock que todavía les pertenece

The Rolling Stones regresan con "Foreign Tongues", un disco que combina blues, rock, groove y colaboraciones con Paul McCartney y Robert Smith para demostrar que siguen siendo incombustibles.

The Rolling Stones (1)
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Pocas bandas pueden darse el lujo de lanzar un nuevo disco después de más de seis décadas de carrera sin sentirse como un acto de nostalgia. The Rolling Stones sí pueden. Y con "Foreign Tongues" vuelven a demostrar que el tiempo parece correr distinto para ellos.

No es solo que Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood sigan tocando. Es que siguen sonando como The Rolling Stones. Ese desorden perfectamente calculado, esa sensación de que cada instrumento parece ir por su cuenta para terminar encontrándose en un mismo lugar, continúa intacta. Hay algo profundamente caótico en su música, pero al mismo tiempo increíblemente armónico. Esa contradicción ha definido a la banda durante toda su historia y aquí vuelve a sentirse viva.

Un disco que entiende perfectamente quiénes son The Rolling Stones

"Foreign Tongues" no intenta reinventar la rueda. Tampoco lo necesita.

Después de "Hackney Diamonds", los Stones comprendieron que el mejor camino era seguir explorando su propio lenguaje. Aquí no buscan sonar como las bandas que dominan las listas actuales. Al contrario: parecen atacar esas tendencias con el mismo rock & roll que llevan perfeccionando desde los años sesenta.

Es un álbum profundamente stone. Los riffs de Keith Richards, las armónicas cargadas de blues, los arreglos precisos, la voz intacta de Mick Jagger y esa base rítmica que siempre invita a mover la cabeza o seguir el compás con el pie aparecen durante prácticamente todo el recorrido.

Más que un ejercicio de nostalgia, el disco funciona como una reafirmación de identidad.

Energía pura con el espíritu intacto

Uno de los mayores logros de "Foreign Tongues" es que nunca transmite la sensación de estar escuchando a una banda octogenaria.

Hay una vitalidad sorprendente en canciones como "Mr Charm", "In The Stars" o la potente apertura con "Rough And Twisted Road". Todo fluye con naturalidad, como si la banda jamás hubiera abandonado el estudio.

El álbum refresca la memoria con el sonido que ya habían adelantado algunos sencillos, pero rápidamente propone un viaje mucho más amplio. Es una mirada hacia atrás, sí, pero también una demostración de que el rock de los Stones sigue sintiéndose contemporáneo precisamente porque nunca persiguió las modas.

Su música continúa siendo atemporal.

Invitados que engrandecen el viaje

Las colaboraciones tampoco aparecen como simples nombres para llamar la atención.

Paul McCartney aporta una energía que se integra naturalmente al universo de la banda, mientras que Robert Smith añade nuevos matices sin alterar la esencia stone.

Más que un desfile de invitados, el disco parece reunir a distintas leyendas celebrando un lenguaje común: el rock.

Porque eso termina siendo "Foreign Tongues": una especie de intervención divina donde varias figuras fundamentales de la música se ponen al servicio de canciones que nunca pierden el foco.

El inesperado homenaje a Amy Winehouse

Uno de los momentos que más dudas podía generar antes del lanzamiento era el cover de "You Know I'm No Good", de Amy Winehouse. Sin embargo, la banda logra apropiarse completamente de la canción.

Lejos de intentar imitar la versión original, la trasladan a su propio terreno con naturalidad, convirtiéndola en una interpretación elegante, blusera y sorprendentemente orgánica dentro del conjunto del álbum.

Es, probablemente, una de las mejores decisiones creativas del disco.

Una banda que simplemente no sabe envejecer

Quizás "Foreign Tongues" no contenga un himno destinado a convivir con "Gimme Shelter", "Start Me Up" o "Jumpin' Jack Flash". Tampoco parece querer hacerlo.

Su verdadero mérito está en otro lugar.

En demostrar que The Rolling Stones siguen componiendo discos con una frescura que muchas bandas décadas más jóvenes envidiarían. Que todavía pueden entregar canciones cargadas de groove, de blues y de esa energía contagiosa que siempre los caracterizó.

Las majestades satánicas vuelven a recordarnos por qué nunca dejaron de ser relevantes. No porque hayan cambiado con los tiempos. Sino porque los tiempos, tarde o temprano, siempre terminan volviendo a ellos.


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