El estrés suele asociarse a factores externos como el trabajo, las responsabilidades o los problemas cotidianos. Sin embargo, para Cristóbal del Castillo, experto en sistemas de liderazgo, una parte importante del malestar también está relacionada con la forma en que cada persona interpreta lo que le ocurre.
Durante una entrevista en Concierto Valor, el especialista planteó que los sistemas de creencias influyen en la manera de enfrentar los cambios y que una excesiva rigidez mental puede convertirse en una fuente permanente de tensión.
Las creencias como filtro de la realidad
Del Castillo explicó que todas las personas interpretan el mundo a partir de un conjunto de creencias que orientan sus decisiones y expectativas.
"Somos lo que pensamos obedece a una estructura de creencias y hablamos de las creencias limitantes... por acá va uno de los grandes orígenes del por qué estamos tan estresados o por qué no somos tan felices", afirmó.
Según señaló, esos esquemas mentales condicionan la manera en que se evalúan situaciones relacionadas con el trabajo, las relaciones personales y otros aspectos de la vida cotidiana.
Cuando las ideas se vuelven rígidas
El especialista sostuvo que estas creencias también explican por qué muchas personas reaccionan de forma automática frente a opiniones o situaciones que contradicen su forma de ver el mundo.
"Todos tenemos un sistema de creencias que condiciona lo que interpretamos. Determina cómo creemos que debe ser el amor, la ética, el trabajo y la vida. Cuando alguien atenta contra tus creencias, se dispara automáticamente un sistema de defensa", explicó.
A su juicio, esa respuesta inmediata puede dificultar el diálogo y aumentar la sensación de conflicto.
El desafío de adaptarse al cambio
Del Castillo afirmó que uno de los principales riesgos de mantener un sistema de creencias demasiado rígido es la dificultad para adaptarse a contextos que cambian constantemente.
"Uno de los principales problemas de nuestro sistema de creencia es que nos hace sumamente inflexibles. Entonces, cada cambio que ocurre, decimos 'no, no'. Y la única constante es el cambio", señaló.
También sostuvo que este proceso suele manifestarse en la tendencia permanente a clasificar las experiencias como positivas o negativas.
"Tu cabeza está todo el rato etiquetando: bueno, malo, bueno, malo, me gusta, no me gusta... Eso es tu sistema de creencia puesto en acción. En todo el rato estás haciendo juicios", comentó.
La búsqueda de una mayor libertad emocional
Como alternativa, el experto propuso desarrollar una actitud más flexible frente a las circunstancias y distinguir entre los hechos y la forma en que cada persona los interpreta.
"Quiero ser el capitán de mi alma, el amo de mi destino. Ganar libertad emocional frente a lo que me sucede", afirmó.
Según explicó, esa libertad emocional no implica dejar de experimentar emociones. De hecho, implica responder de manera más consciente a las situaciones de cambio y reducir el impacto que las creencias limitantes pueden tener sobre el bienestar.
